Luis Sorando Muzás
Ramón Guirao Larrañaga
Revista CUADERNOS nº 30.
Monzón 2003.
CONTRA LOS FRANCESES
15-20 de mayo de 1809
I .- Antecedentes ( febrero- 15 abril 1809)
Tras la toma de Huesca, el 4 de febrero de 1809, y la capitulación de Zaragoza, el 21 del mismo mes, las tropas francesas reemprendieron en los primeros días de marzo sus operaciones para conquistar el resto de Aragón.
El Mariscal Mortier, jefe del 5.º cuerpo de ejército, con la división Gazán[1] y tres regimientos de caballería[2], salió de Zaragoza con los objetivos de tomar Barbastro y Monzón, sitiar Mequinenza y contactar, hacia Lérida con el mariscal Saint-Cyr, que con su ejército se hallaba encargado de la ocupación de Cataluña.
Con tales fines partió de Zaragoza y el 8 de marzo, en Pina, dividió su fuerza en dos columnas. La principal, con Mortier al frente, siguió su camino en dirección a Fraga, mientras que Girard con su brigada y parte de la de Gazán tomó el camino de Barbastro, por Castejón de Monegros, Sariñena y Peralta de Alcofea.
En Monzón y su castillo se encontraba el 2.º batallón ligero de Huesca, mandado por el oscense don Felipe Perena quien, dada la superioridad numérica de los franceses, abandonó dicha villa retirándose el 8 de marzo hacia Tamarite, y ese mismo dia las autoridades de Barbastro, sabedoras de la proximidad de los franceses y ante la total carencia de medios para su defensa, acordaron la entrega pacífica de la ciudad[3]. Al día siguiente Gazán, enterado de la retirada de Perena, cruzó el Cinca frente a Monzón y sin ninguna resistencia tomó posesión de la villa y su castillo[4]. El 22 de marzo Jaca fue también ocupada por las tropas francesas, en este caso mandadas por Fabre.
El 2 de abril, ante la inminencia de una nueva guerra con Austria y creyendo que el reino de Aragón se hallaba ya pacificado, dispuso el Emperador Napoleón que el 5.º cuerpo de ejército se trasladase a Burgos, con el fin de estar dispuesto a marchar a Austria si fuese necesario. Al recibir esta orden Mortier se hallaba en Bellver de Cinca, a donde se había replegado poco antes desde la vecina Fraga, y el día 10 levantó su campamento, cruzando el Cinca con sus tropas, por la barca de Monzón, entre las tres y las siete de la madrugada del 11, tras haber asesinado a dos paisanos, quemado la ermita de Santa Bárbara y San Antonio, así como requisado multitud de bueyes y caballos de labor[5].
Mortier se retiró a Zaragoza por el camino de Peralta de Alcofea y el 14 salió definitivamente de dicha ciudad con su Ejército hacia Castilla[6], dejando sólo en Aragón al Mariscal Junot con su 3.er cuerpo de ejército[7].
II.-Habert ocupa el sector del Cinca, y comienzo de la rebelion (16- 20 de abril)
Con el fin de poder cubrir todo Aragón, Junot redistribuyó sus escasas fuerzas, destinando a la brigada Habert, de la 1ª.división Laval[8], a recuperar el sector del Cinca, y con tal fin salió este de Caspe, el 16 de abril, al mando de unos 2100 hombres de infantería (cuatro batallones del 14.º: 57 oficiales y 1168 suboficiales y soldados, y dos del 2.º del Vístula: 39 oficiales y 870 suboficiales y soldados). Ese mismo día cruzó el Ebro por un puente de madera, atravesó los Monegros, haciendo noche en Peñalba y Candasnos, y el 17, tras unírsele 220 coraceros del 13° rgto. enviados desde Huesca para reforzarle[9], cruzó el Cinca por el puente de Fraga, para salir a la mañana siguiente hacia Bellver, camino de Monzón[10].
El 18 llego a Monzón, y sin aguardar unos carruajes que había pedido, dejo allí a dos compañías como guarnición, y con el resto de sus fuerzas volvió a cruzar el Cinca por la barca, instalando su cuartel general en Barbastro, con el fin de evitar desde allí la posible penetración en Aragón de columnas procedentes de Lérida[11].
La ciudad de Barbastro habría sido un destino agradable en tiempo de paz, pero peligroso en tiempo de guerra, a causa de su situación en medio de un verdadero laberinto de canales de riego, de olivares, viñas y otros cultivos cercados por pequeñas tapias y separados por senderos o callejuelas tortuosas[12].
Habert, aunque de probado valor en campañas en campo abierto, no era hombre idóneo para este tipo de operaciones menores, y había querido organizar él mismo todos los puestos de Barbastro, dejando sus disposiciones mucho que desear, pues complicaba el servicio con una serie de minuciosos detalles que cansaban a los soldados sin mejorar su seguridad, por lo que prácticamente todas las noches alguno de los centinelas era hecho preso o desarmado por invisibles enemigos, con lo que la moral de la tropa iba disminuyendo, y para intentar recuperarla, se arrestó y fusiló con gran pompa y ceremonia, delante del obispo y del corregidor a un pobre diablo que uno de los centinelas había creído reconocer como su agresor[13].
El mismo nombro Corregidor de Barbastro a don Joaquín Andreu, el cual, como después veremos, sería con sus avisos de gran utilidad para los rebeldes del Cinca.
Como ya hemos comentado, Habert había dejado en Monzón como guarnición a dos compañías de Infantería. Eran estas de polacos del 2º regimiento del Vístula[14], estando mandada una de ellas por el Capitán Solnicki, y la otra por el Capitán Brandt, quienes asumieron respectivamente las funciones de Comandante y de Ayudante Mayor de la Plaza.
Estos, nada mas ocupar, el castillo hicieron adelantar a los habitantes de la villa víveres para 10 días, e iniciaron rondas continuas de patrullas por los campos de olivos que formaban una especie de bosque alrededor de la villa.
En el castillo existían 10 cañones, que habían sido inutilizados por los españoles antes de su abandono, rompiendo sus cureñas de madera y arrojando la pólvora a una cisterna de agua, pero dejando en el almacén sus balas y maderas de repuesto, y un oficial polaco con varios soldados, que durante el Sitio de Zaragoza habían auxiliado a la artillería atacante, procedieron a recuperar del agua parte de la pólvora, dejándola secar al solo, al tiempo que reconstruían varias de las cureñas, con lo que se consiguió una pequeña fuerza artillera que podía ser utilizada, aunque con mucha precaución.
En Monzón, los polacos se encontraron cómodos, pues en esa época, salvo las guardias, no había mucho que hacer, por lo que consideraron a esa villa un paraíso en comparación con los destinos que habían tenido anteriormente, disponiendo de víveres abundantes y de calidad. El bienestar era tal, que desde entonces, cuando querían manifestar su satisfacción por algo o se encontraban bien instalados, los soldados polacos solían decir ¡Esto es Monzón! [15].
Mientras, enterado el nuevo capitán general de Aragón, D. Joaquín Blake, que se hallaba en Tortosa organizando el nuevo ejército de Aragón y Cataluña, de tan importante disminución de los efectivos franceses en Aragón, comprendió hallarse ante una oportunidad única para intentar recuperar el territorio perdido y para ello ordenó al gobernador de Lérida, D. José Casimiro Lavalle, que procurase llamar la atención del enemigo hacia el sector del Cinca, con el fin de distraer hacia allí al mayor número posible de tropas francesas, aprovechando el mientras para salir de Tortosa con su ejército y ocupar el partido de Alcañiz.
Para desarrollar este plan contaba Lavalle en el sector del Cinca con el 2.º batallón ligero de Huesca, mandado por Perena[16]; el Primer Tercio de Miqueletes de Lérida (2º de Miqueletes de Cataluña), al mando de Baget[17] y los somatenes aragoneses y catalanes que está reuniendo fray Teobaldo[18] en Albelda, y Pedro María Ric[19],en Fonz. Este último había llegado a esa, su villa natal, poco después de la caída de Zaragoza, junto con su esposa la famosa condesa de Bureta, habiendo instruido allí en el arte militar a ciento ochenta jóvenes, de los que nombró Comandante al teniente coronel barón de la Menglana[20], estableciendo con ellos guardias y somatenes para defender los vados del Cinca por esa parte[21], esperando además que en caso de necesidad, Lavalle les reforzaría con fuerzas de la guarnición de Lérida.
Perena y Baget, se desplazaron a Lérida para acordar con Lavalle un plan de acción, conforme al cual el inicio de la rebelión se produciría aprovechando la primera ocasion[22], que resulto ser muy poco después, cuando los franceses exigieron una fuerte contribución al cantón de Tamarite, cuyo alcalde, don Pedro Carpi, procedió a repartir entre los pueblos de su jurisdicción.
A la villa de Alcampel le correspondió entregar 1000 cántaros de vino, pero su Alcalde, don Francisco Sorigüé, respondió que no podía aprontar lo señalado por ser excesivo y los franceses le contestaron que si no entregaba su parte sería su pueblo tratado con el mayor rigor. Finalmente, obligado por las circunstancias, entregó el vino, pero no sin antes ordenar a los arrieros que lo transportasen a paso lento, a fin de que pudiesen ser interceptados por los guerrilleros, como así sucedió[23].
Mientras, el alcalde de Albelda, asesorado por fray Teobaldo se negó en redondo a pagar su parte de la contribución, por lo que Habert envió desde Barbastro una columna de castigo a la otra orilla del Cinca.
III.- Combate de Tamarite y expulsión de los polacos de Monzón ( 21 abril- 6 mayo)
Avisados de la proximidad de la columna francesa se reunieron en Tamarite: Perena con parte de su batallón; Baget con su Tercio y un pequeño destacamento de artillería a las órdenes del comandante Francisco Costa[24], logrando sorprender y derrotar allí, el día 21 de abril, a la columna francesa, que logró regresar a Barbastro tras volver a cruzar el Cinca[25] [26].
Por su parte en Monzón, Brandt se dedicaba a atender los asuntos propios del servicio, lo que le llevaría un día a entrevistarse con el alcalde de Monzón, resultando ser este un gran aficionado a la música, como él, ya que lo encontró tocando la guitarra y cantando con sus dos hijas “algunas seguidillas”. El alcalde, le preguntó si sabía tocar ese instrumento a lo que Brandt contestó afirmativamente, comentándole que en Polonia era usual aprender a tocarlo en las escuelas, y tomando en sus manos la guitarra comenzó a tocar melodías de su lejano país, con gran satisfacción del alcalde y sus dos hijas, rogándole al despedirse que vaya a visitarlo con frecuencia[27].
Por otra parte, las relaciones de Brandt y el alcalde terminaron de una manera trágica. Un día, alguien llamó en la casa del alcalde y cuando éste abrió la ventana para responder, fue muerto por un disparo a bocajarro, sin que llegara a conocerse ni el porqué ni el autor del crimen. Unos acusaban a un contrabandista que debía tener alguna cuenta pendiente con el alcalde y otros sostenían que el asesinato era por considerar al alcalde un afrancesado debido a su amistad con Brandt[28].
Por esos días, los españoles habían ido aproximándose a Monzón[29] y el día 1 de mayo, al toque de somatén, dado por las campanas de las iglesias de todos los pueblos de la comarca, se comenzaron a preparar los voluntarios de Tamarite, Fonz, Estadilla[30], Albelda, etc., acudiendo a cubrir la orilla del Cinca, operación que realizaron a la perfección.
Apercibidos de este empeoramiento de la situación, los polacos abandonaron la villa, encerrándose en el castillo, y desde allí dispararon una tanda de cañonazos de su improvisada artillería logrando sorprender y alejar, por unos días a sus enemigos que bajaban de la montaña[31], pero pronto reaparecerían en mayor numero, y esto unido a la muerte del alcalde, la posterior salida del síndico y el secretario, la desaparición de algunos habitantes acomodados, y el hecho de que pese a ser el dia 6 día de mercado ningún campesino viniera a la villa, viéndose sus calles casi vacías de hombres, y con tan solo algunas mujeres y niños, hicieron comprender a los polacos el inminente peligro que les acechaba, y no se equivocaban, pues esa misma mañana recibieron la orden de Habert para evacuar Monzón inmediatamente, pasando a la otra orilla del Cinca.
Iniciada la evacuación, la vanguardia que escoltaba a los enfermos y bagajes fue atacada y dispersada hacia el río por una partida de fuerza superior, y Brandt que con sus hombres estaba todavía en el castillo, realizó desde allí una descarga con su improvisada artillería, que no asustó a nadie, e inmediatamente abandonó la fortaleza para salir de la villa, y al atravesar sus calles fueron tiroteados y atacados por los montisonenses, consiguiendo a duras penas abandonar la población y ganar la ribera del a través de los olivares.
En la orilla Brandt mantuvo sus posiciones, cubriendo el cruce con la barca del Cinca del resto del destacamento, y cuando el oficial polaco fue a embarcar en el último viaje, fallo en su salto y cayo a las frías aguas, siendo repescado por sus hombres; tras una larga y penosa marcha llegaron a Barbastro ya de noche, encontrando a su guarnición sobre las armas y muy preocupada por sus compañeros[32]. En esta operación habían sufrido 12 bajas, entre muertos y heridos.[33]
El día 7 el ex-comandante de Monzón, Solnicki, llamó a Brandt para pedirle que hiciese un informe sobre lo sucedido el día anterior, solicitándole que hiciese antes un pequeño borrador de ello. Brandt así lo hizo y entregó lo pedido a Solnicki, quien tras leerlo le comentó que había olvidado muchos aspectos esenciales y le dictó numerosas adicciones y correcciones que daban a la escaramuza las proporciones de una lucha heroica, en la que Solnicki se atribuía todo el honor diciéndole: “He aquí, amigo mío, como se debe hacer un buen informe” [34].
El acosamiento en el interior de la villa de Monzón, había sido perpetrado por un numeroso grupo de vecinos que, alentados por el administrador de Correos don Andrés Rodríguez, , y el clérigo don Lorenzo Barber[35], racionero de la Colegial de Monzón[36], se envalentonaron por la cercanía de las tropas de Baget, y armados con cuchillos, palos y tan solo siete escopetas no dudaron en atacar a los polacos[37] [38].
IV.- Los españoles se hacen fuertes en la orilla izquierda ( 7 - 13 mayo)
Una vez situados los voluntarios en sus puestos, cubriendo la orilla del río, salió Baget de Tamarite, al anochecer del mismo día 6 de mayo, con doscientos hombres de su Primer Tercio de Lérida, cien del 2.º ligero de Huesca, los somatenes del teniente coronel don Carlos Verdiel y una reata de mulas que había tomado en San Esteban de Litera “para aparentar un cuerpo de caballería”, y tras caminar sin descanso durante la noche, llegó a las 3 de la madrugada a las inmediaciones de Monzón,- ignorante de la retirada francesa- distribuyendo su tropa en tres partes: una en las alturas de la Alegría, otra en las del Palomar y la restante en el centro, por el camino Real, enviando una avanzada al interior de la villa, la cual descubrió que los enemigos,- como ya hemos visto- se habían retirado a Barbastro, no habiendo tenido tiempo en su huida ni siquiera de cortar la sirga de la barca[39].
Dada la importancia de evitar que los franceses de Habert volviesen a cruzar el Cinca, operación que en ese sector tan solo podían realizar por el puente de Fraga, o por las barcas de sirga de Monzón y de Pomar, destaco Lavalle, para defender tan estratégico puente a quinientos hombres de la guarnición de Lérida, entre los que destacaban los granaderos del regimiento de línea de Granada, y dispuso que los pasos de barca de Monzón y Pomar fuesen cubiertos por los somatenes de fray Teobaldo y las tropas de Perena y Baget. Éstos tres jefes, convencidos de que Habert no tardaría en querer vengar su derrota, mantuvieron una reunión con Pedro María Ric en su casa de Fonz, en la que eligieron de común acuerdo a fray Teobaldo como jefe de todos ellos, y discutieron y comentaron los medios de continuar la guerra contra los franceses[40]. Al poco, recibieron un aviso de Andreu, corregidor de Barbastro[41], confirmándoles sus temores, pues les informaba de que Habert, siguiendo órdenes de Junot, se encontraba finalizando sus preparativos para salir de Barbastro con tropas, cruzar el Cinca, y ocupar Monzón como castigo a su rebelión del dia 6 y expulsarles de la zona.
Para intentar frustrar los planes de Habert, lo primero que hicieron Teobaldo, Perena y Baget fue enviar el siguiente escrito a los franceses de Barbastro, intimándoles a la rendición o en caso contrario a atenerse a las consecuencias[42]:
Franceses:
Extraña mucho que os atreváis a mentir con tanto descaro a nuestra vista. Vuestros ejércitos en Alemania están derrotados; los rusos y prusianos os han acometido; los mismos paisanos franceses están descontentos con Napoleón y auxilian a nuestros oficiales, que llegan todos los días a nuestros ejércitos bendiciendo la generosidad de muchos franceses que conocen la perfidia, tiranía e injusticia de vuestro Emperador. No, no somos todos unos ni lo seremos mientras no venga nuestro legítimo Rey y abandonéis la injusticia. Sed verdaderos; nuestros ejércitos están brillantes; La Romana os ha tomado regimientos enteros y vuestro ejército de Galicia ya no existe; Cuesta[43] triunfó últimamente de vosotros; Vigo, Coruña, Santander, ya son de Fernando Séptimo. Supuesto esperáis a derramar en Barbastro la última gota de sangre, aguardad, que os damos palabra de ir a visitaros.
Tras enviar este oficio y siguiendo las órdenes de Lavalle, salió el dia 8 Perena de Fonz hacia Monzón con su batallón y parte del Primer Tercio de Lérida, quedando Baget con Teobaldo, Ric y el resto de las tropas en aquella villa y sus alrededores, estableciendo una línea defensiva en las márgenes del Cinca para evitar sorpresas y observar los movimientos de los franceses de Barbastro. Para reforzar a Baget, se esperaba en los próximos dias la llegada a Fonz del Tercer Tercio de Miqueletes de Lérida (16º de Miqueletes de Cataluña), con su sargento mayor don Manuel González, pues Lavalle le había ordenado a tal fin trasladarse desde Balaguer, pero hallándose ya en camino fue reclamado por Perena a Monzón en su refuerzo[44]. Además Perena envió algunos destacamentos hacia Fraga por la ribera del Cinca, y en Albalate se había situado un destacamento del regimiento Granada, al mando del capitán Ramon de Oro, enviado desde Lerida por Lavalle, junto a algunos hombres del 1° de Lérida, ordenándose inutilizar todas las barcas del Cinca para entorpecer las operaciones de los franceses[45].
V.- Salida de Habert y llegada a Alcolea (14-15 de mayo)
Mientras Habert, a quien acababan de unirse como refuerzo 4 compañías de elite ( 2 de granaderos y 2 de voltigeurs) del 121° regimiento de línea, mandadas por el Jefe de Batallon Thouvenot[46], había preparado en Barbastro su plan de ataque y castigo sobre Monzón, dividiendo su fuerza en tres grupos, el primero de los cuales, mandado por Thouvenot, compuesto por unos ochenta coraceros del 13.º regimiento y diez compañías de elite de los regimientos 14.º y 121.º franceses y 2.º del Vístula, cruzaría el Cinca por Alcolea para atacar Monzón del revés. El 2° grupo, formado por el resto del 2.º del Vístula pasaría a continuación para atacar por el sur, mientras que Habert, con 180 coraceros y el resto del 14° de línea retrocedería desde Alcolea hasta la barca de Monzón, para pasar por allí, atacar de frente y rematar la victoria[47].
Siguiendo este plan, salió Habert hacia Alcolea por los montes, llegando a Sijena, el 14 por la tarde- “tras haber soportado una fuerte tormenta, que convertía en torrentes a los menores arroyos, donde cuadrúpedos y bípedos resbalaban[48]”- siendo alojados, al menos los polacos del 2º del Vístula, en su monasterio “cuyos vinos gozaban de gran reputación, desgraciadamente, las tropas del 5º cuerpo habían pasado ya por él, por lo que sus afamadas bodegas no eran en esos momentos más que un recuerdo legendario”[49].
Al día siguiente, el 15, reemprendieron la marcha llegando a Alcolea, pero un destacamento español del regimiento Granada se les presento en batalla en la otra orilla, bien preparado para disputarles el paso del río, por lo que Habert abandonó la idea de cruzar por allí el Cinca, dirigiéndose a la mañana siguiente hacia Pomar, donde esperaba poder realizar el cruce en mejores condiciones[50].
VI.- Cruce del Cinca por Pomar y combate en Pueyo de Santa Cruz ( 16 mayo 1809)
A primeras horas de la tarde del 16 llegaron los franceses a Pomar, en donde tendrían la ventaja del terreno, que les permitiría realizar el cruce de la artillería, y viendo que la sirga de la barca estaba estropeada comenzaron a repararla, obligando para ello a arrojarse al agua a 4 paisanos, que consiguieron empalmarla rápidamente. Instalaron dos balsas, capaces de transportar cada una de ellas a media compañía, y en ese momento, el mayor de los barqueros, que miraba inquieto el cielo, despejado en Pomar pero con densos nubarrones en las montañas, advirtió a Habert del peligro de vadear entonces el Cinca, pues este río sufre frecuentes e imprevisibles crecidas por las tormentas caídas en la sierra, siendo por ello lo más prudente demorar el paso. Habert recompensó al barquero por su aviso con insultos y patadas, ordenando proseguir con el paso del río[51].
Sobre las 5 de la tarde, cruzaron el río tres compañías de voltigeurs del 14º regimiento, que una vez en la orilla izquierda expulsaron al pequeño destacamento español del Pueyo de Santa Cruz, estableciéndose en ese punto.
Perena, informado de la llegada de los franceses a Pomar, ordenó a González que con el Tercer Tercio de Lérida se adelantara al Pueyo de Santa Cruz, saliendo Teobaldo y Perena tras él con el 2.º ligero de Huesca[52], pero al llegar González se encontró con el pueblo ya ocupado por los franceses, ordenando cargar a sus hombres contra ellos, logrando empujarlos hasta cerca de la barca y el soto próximo, en el que se emboscaron algunos de ellos, empezando un tiroteo, que duraría hasta las seis de la tarde, cuando al llegar Perena destaco a tres compañías de su batallón para que tomasen la orilla, mientras que González atacaba de frente, activándose un combate que se prolongaría hasta cerca de las diez de la noche “sin que les arredrasen las granadas que disparaba un obús enemigo desde las alturas de Pomar, ni el fuego de su fusilería ventajosamente situada entre las acequias, siendo así que la orilla de nuestra línea tiene mala posición, porque en saliendo del soto hay una llanura de cascajal hasta el labio del río”[53].
Se hizo de noche “ con agua y viento recio”, comenzando una tormenta, sin duda procedente de las montañas, que impedía ver la otra orilla[54], y que supuso un cese “relativo” del combate. Los españoles acamparon en la altura de las eras y pajares del Pueyo, quedándose allí Teobaldo y González, mientras que Perena, pese a encontrarse indispuesto[55], partía a Monzón para tomar las debidas disposiciones ante el inminente ataque francés.
Durante tan desapacible noche fue avisado Fray Teobaldo por D. Juan Domec, a quien Perena había dejado interinamente al mando de los de Huesca, del “ estado de agonía de un valiente soldado de Perena, lo que me proporcionó también la ocasión de cumplir con las obligaciones de sacerdote y de religioso”, y el oficial José Jiménez Bagués, que permaneció toda la noche de avanzada, intento en tres ocasiones cortar la sirga de la barca para evitar que el resto del destacamento francés siguiese cruzando el Cinca, “arrimándose a la misma guardia de caballería e infantería enemiga que estaba protegida del obús y buena posición,” y al no conseguirlo, envió Teobaldo con el mismo fin a tres valientes paisanos a los que ofreció un gran premio, pero tampoco pudieron lograrlo.
Esa misma tarde había escrito urgentemente Teobaldo a Baget- que tras la salida de los franceses de Barbastro había aprovechado, por orden de Lavalle, para cruzar el Cinca por Fonz y situarse en dicha ciudad, “ con objeto de llamar la atención del enemigo”- para que regresase a Fonz, lo que realizo con tal celeridad que a la una de la noche ya se hallaba en Fonz con su vanguardia, tras haber pasado el río “ por la parte que no cubre la barca, con el agua a la cintura”, y a las dos de la madrugada del 17, ya se encontraba con toda su tropa “experimentando los rigores del hambre, humedad y desnudez”[56].
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VII.- Crecida del Cinca y ataque a Monzón (17 mayo)
Al amanecer del dia 17 regresó Perena desde Monzón, y junto a Teobaldo pudo observar como los franceses habían reiniciado el paso del Cinca, la infantería por la barca y la caballería por el vado, protegidos por la artillería y la fusilería. En tal situación dispuso que todas sus tropas se replegasen a las alturas de la ermita de la Virgen de la Alegría de Monzón, conservando la formación de guerrillas que estorbasen el avance de los enemigos, al tiempo que enviaba a Teobaldo a Fonz para pedir auxilio a Baget, e informarle de su plan, que era el de situarse en las alturas del Palomar, para asegurar la retirada en caso preciso, y batirse con los enemigos en dichas alturas y en las huertas de Monzón, “ con cuya posición se cubría también el camino de Fonz y se daba lugar a que llamando la atención del enemigo al ataque del Palomar y las Huertas, cuando la tropa de Baget llegase, pudiese batir a los enemigos con ventaja”.
Poco imaginaban, Perena ni Teobaldo, que apenas se retirasen de la vista del enemigo tendría lugar un hecho imprevisto que vendría a modificar completamente el desarrollo de los hechos.
Efectivamente, como ya hemos visto, los franceses tan pronto como amaneció habían reiniciado el cruce del río, pasando en sucesivos viajes de las barcas otras 5 compañías de elite de infantería ( 2 de voltigeurs del 2° del Vistula, 1 de Voltigeurs del 121° y 2 de granaderos del 121°) y 40 coraceros por el vado, con su capitán Robichon, cuando vieron como súbitamente, y hallándose las barcas en la orilla derecha para cargar más tropas, creció el Cinca, “ tres pies en una hora” a causa de las lluvias caídas en las montañas durante la tarde y noche anterior, convirtiéndose en una barrera infranqueable y lanzando contra los que esperaban embarcarse en la orilla, troncos y piedras que arrastraba con gran fuerza y que rompieron las cuerdas de las barcas que fueron alejadas por la corriente a la deriva, teniendo los soldados ya embarcados el tiempo justo para saltar a tierra y no ser arrastrados con las barcas, y debiendo todos ganar rápidamente las alturas próximas, ya que las orillas se habían inundado, quedando separados en pocos minutos ambos destacamentos franceses por lo que parecía un inmenso lago.
Intentando vadear el río murieron dos coraceros y tres caballos, quedando Thouvenot en Pomar sin poder pasar a dirigir su columna, ni las ocho compañías de elite, y los coraceros, que ya habían cruzado, regresar a la otra orilla[57].
Estas ocho compañías[58] aisladas tenían solo dos posibilidades para salvarse: descender hasta Fraga e intentar pasar por el puente, o subir a Monzón y cruzar por la barca. Habert, pensó que esta sería la mejor opción, pero en vano intento hacerse entender por aquellos desde la otra orilla, indicándoles la dirección que tenían que tomar, pero su potente voz se apagaba por el ruido de las olas, por lo que solicito a algunos soldados, buenos e intrépidos nadadores, que intentasen cruzar a nado para trasmitir sus ordenes. La mayoría de ellos se negó, pero alguno se lanzo al agua, muriendo ahogado antes de conseguir llegar a la mitad del río. Finalmente, logró indicar a sus hombres que el comandante Richard, del 14.º, tomase el mando y siguiendo la ribera marchase sobre Monzón para intentar regresar por la barca de esa villa.
La vanguardia francesa logró llegar a dicha barca, desesperándose al hallarla inutilizada, y el resto de la columna atravesó la villa, sosteniendo algún tiroteo con los paisanos, y fue al encuentro de los hombres de Perena, que conforme a su plan les esperaban en las inmediatas alturas del Palomar y en las Huertas.[59].
Mientras, Teobaldo había llegado a Fonz esa misma mañana, y tras reunirse con Baget, a quien encontró “aún más rendido que yo, y la tropa en toda la penuria del cansancio”, se pusieron ambos inmediatamente en marcha con sus hombres hacia Monzón, a eso de las 8 o las 9 de la mañana, recibiendo en ese momento un escrito urgente de Perena, traído por su ayudante mayor, el capitán graduado D. Angel Blánquez, comunicándoles “ la agradable noticia de que la excesiva creciente del río había arrojado la barca y que inutilizada no podían embarcar los enemigos, por cuya causa era decididamente la victoria nuestra si había constancia”. Con este convencimiento, se enviaron nuevas órdenes insistiendo en destruir las barcas para “cortar al enemigo los recursos de repasar el río” y prosiguieron su camino.
Por su parte, Habert, que se había desplazado con sus tropas por la orilla derecha desde Pomar hasta la altura frente a Monzón, no lograba cruzar el Cinca, y desesperado intentaba inútilmente buscar alguna manera de pasar y ayudar a sus compatriotas que se hallaban ante sus ojos, pero tan solo logro tirotearse inútilmente con los españoles de la otra orilla, por lo que desconsolado, y según testimonio de Brandt, se sentó bajo el arco de un antiguo puente en ruinas, pudiendo ver sus soldados “a ese hombre tan enérgico y que no acostumbraba a tener excesos de sensibilidad, llorar a lágrima viva retorciéndose las manos y clamando continuamente por sus pobres granaderos y sus bravos voltigeurs”[60].
A medida que se acercaban a Monzón fueron escuchando Teobaldo y Baget, el vivo tiroteo que los de Perena sostenían con los franceses en las alturas del Palomar y en toda la huerta, tiroteo al que cooperaban “con el mayor valor y entusiasmo los esforzados paisanos de Monzón”[61], pero llegados a las inmediaciones de la Cruz llamada de Estadilla, observaron que los franceses habían conseguido desalojar a Perena y a sus hombres y que estos “se habían dispersado y andaban en derrota”.
Baget, incorporó a su Tercio a muchos de esos oficiales y soldados y tras municionarlos dividió su fuerza en cuatro partes: una tomó la orilla del río, otra las alturas cercanas, otra la carretera y otra las alturas del Palomar, iniciando así su ataque contra los franceses, y tras dos o tres descargas cerradas y una carga a la bayoneta, logró entrar en Monzón, forzando a los imperiales a refugiarse en la orilla del Cinca para ser protegidos por su artillería desde el otro lado.
A eso de las tres de la tarde, el comandante Richard, habiendo perdido a un capitán de Voltigeurs que fue apresado por los españoles, y viendo que la barca seguía inutilizada- a pesar de los esfuerzos de Habert, que había intentado nueva e infructuosamente su reparación enviando desde su orilla a doce expertos nadadores que no lograron cruzar el río que seguía muy crecido- decidió retirarse para intentar cruzar el rio por otro punto, haciéndolo en dos direcciones: un grupo de unos sesenta soldados, dirigidos por el Capitán Abdijon, se fue Cinca arriba, capturando al sargento mayor del Primer Tercio de Lérida don Manuel Pometa, , mientras que el Comandante Richard, con los 800 hombres restantes, se dirigía hacia el sur[62].
Los que huyeron hacia el norte por la orilla del Cinca llegaron hasta la confluencia con el río Esera, y allí tras ahogarse varios de ellos que intentaron vadearlo inútilmente, se entregó el Capitán Abdijon con sus hombres, a las fuerzas de paisanos que junto a algunos hombres sueltos de Perena y del 3º de Lérida, les venían siguiendo. El Sargento Mayor Pometa quedó libre, con la consiguiente alegría de sus dos fieles ayudantes, que habían acompañado a los paisanos en la persecución.
En cuanto a los que huían hacia el sur, Baget ordenó a los migueletes del 3º de Lérida, a los que había hallado a su llegada dispersos por los montes, que se situasen en la altura intermedia del castillo y la ermita de la Alegría, “posición muy dominante que no podía ser cortada ni ofendida”, con el fin de cortarles el paso, pero estos se negaron, forzándole a amenazarles con hacer fuego contra ellos si no ocupaban inmediatamente la citada posición, ante lo cual fingieron obedecer, pero al abrigo de una cañada escaparon hacia San Esteban y Binéfar, permitiendo a los franceses marchar sin detenerse Cinca abajo, hacia la barca de Albalate[63].
Al caer la tarde en Monzón, Perena, que ya llevaba tres días enfermo, entregó el mando a Baget, retirándose a Tamarite para cuidarse.
Apenas tomó el mando se le presentaron. algunos oficiales y miqueletes del poco fiable Tercero de Lérida, disponiendo que 100 de sus hombres, con un capitán y dos subalternos, pasasen a guarnecer el punto de la barca, que todavía era tiroteado desde la otra orilla. Igualmente dispuso que trescientos hombres del Bon. de Huesca, al mando del capitán don Pedro Perena saliesen esa misma noche hacia el sur en persecución del enemigo sin dejarle descansar, lo que efectuaron con toda exactitud, llegando hasta Alfántega, donde se detuvieron.
VIII.- Los franceses en Albalate, y Baget destruye la barca de Barbastro (18 de mayo).
Desde el Pueyo, y aprovechando la cierta ventaja que tenían sobre sus perseguidores, siguieron los franceses hacia Albalate buscando la barca allí existente. En ese punto se hallaba- como ya habíamos dicho- el capitán Ramón Oros con una compañía de su regimiento de Granada, y al ser sorprendido aún pudo inutilizar la barca cortando su sirga, muriendo en la operación el soldado que verificó el corte, y tras realizar algunos disparos sobre los franceses se retiró hacia Fraga, por su evidente inferioridad de fuerzas con respecto al enemigo.
En este punto, inutilizada la barca y avisados de que el puente de Fraga se hallaba reforzado por efectivos del ejército llegados desde Lérida, decidió Richard, tras descansar, dar media vuelta e intentar cruzar el río por el norte, para pasar a Barbastro por la confluencia del Cinca con el Ésera[64].
Mientras en Monzón, al amanecer, uno de los dos subalternos del 3º de Lérida, que Baget había enviado a vigilar la barca, le dio parte de que la mayoría de sus soldados se habían ido, alegando “que las balas hacían mucho daño en dicho sitio y que ni el capitán se había quedado”, manteniéndose sólo siete hombres. Ante esto, Baget, acompañado de Domec, comandante del 2.º ligero de Huesca, bajo a reconocer dicho punto, no encontrando ya allí ni a un sólo soldado, por lo que envío a una partida de su batallón y a otra del 2.º ligero de Huesca para su vigilancia [65].
Tras este asunto, Baget mando revisar todas las barcas, inutilizar las que pudiesen ser útiles y cortar todos los puentes y palancas del río[66], y conocedor de que Habert había regresado a Barbastro, apoderándose de su barca, decidió subir a destruirla, con una partida de su batallón y un cañón de las conocidos como violento[67], dirigido por el Comandante de artillería don Francisco Costa. Llegado a la orilla frente a Barbastro, y viendo que los franceses ocupaban las alturas próximas de las Gesas, vigilando la barca con un fuerte destacamento, ordenó disparar algunos cañonazos “ a balarrasa”, obligando a los franceses a retirarse, cambiando de posición, y a continuación tiró directamente contra la barca y al no poder garantizar si se había destruido o no, dio permiso al soldado Manuel Sarvisé, del 2.º ligero de Huesca, para echarse al río, “que iba furioso”, pasar a nado y cortar la sirga de la embarcación, lo que realizó “con el mayor riesgo de su vida”, mereciendo por ello “la mayor recomendación”, esa noche la pasaron los de Baget en Fonz[68].
Al salir Baget y Perena, había quedado en Monzón Teobaldo, con el comandante Juan Domec, el ayudante mayor Ángel Blázquez y los capitanes Pedro Arizon y Pedro Perena, todos del 2.º ligero de Huesca[69], encargado de defender esa plaza y de perseguir a los enemigos de Albalate, “bien pesaroso de que en tan críticas circunstancias faltase un oficial del valor, celo, inteligencia desinterés y patriotismo del coronel Perena”[70].
Esa tarde envió Teobaldo cien hombres más como refuerzo al capitán Pedro Perena, que desde Alfantega observaba los franceses; escribió al capitán don Ramón de Oros para que con todos los somatenes de Zaidín, Osso, Bellver y demás pueblos se acercase a Bellver y luego a Albalate; e igualmente escribió a Baget para que con sus hombres regresase a Monzón. El plan de Teobaldo era el de que, suponiendo que los franceses volviesen a atacar Monzón, serían cercados en el camino por Oros por el sur, Pedro Perena por el norte, y Baget y Teobaldo por la derecha, dejando el río a su izquierda como única salida.
IX.- Los franceses se ponen en movimiento hacia Fonz ( 19 de mayo)
Avisado Baget del plan de Teobaldo, salió de Fonz con su batallón y el cañón , llegando a Monzón en la tarde del 19, y esa misma tarde tuvieron aviso, gracias al Capitán Perena, que seguía a los franceses por retaguardia, de que estos, adivinando seguramente el plan de los españoles, se habían puesto en movimiento esa mañana, torciendo hacia Binaced, en donde se hallaban a mediodía, para seguir a Binefar, a donde llegaron a las 4 de la tarde, y tras descansar apenas media hora habían reemprendido su camino hacia San Esteban de Litera.
A las nueve de la noche recibieron aviso del alcalde de San Esteban, don Francisco Salas, de que los enemigos, tras pasar por dicho pueblo, caminaban sin descansar hacia Azanuy y Fonz.
Con esto quedaba claro que Richard no deseaba chocar con las fuerzas españolas, que suponía mayores, sino evitar a las mismas y buscar un vado o puente para incorporarse en Barbastro a las tropas de Habert, o tomar el camino de las montañas.
Conocedores estas noticias Teobaldo y Baget con sus hombres “descalzos, desnudos, sin comer nada caliente en tres días ni más que escasa porción de vino, pan y aguardiente”; salieron de Monzón hacia Fonz a las 11 y media de la noche, con la determinación de “tomar el frente enemigo, burlar su marcha con la nuestra y obligarle a la batalla”, enviándose orden a todos los pueblos de la ruta para que sus paisanos saliesen a acosarles[71].
Las fuerzas españolas salieron organizadas en tres divisiones: La primera, con Baget, al mando del capitán Juan Domec, comandante accidental del 2.º ligero de Huesca; la segunda con el capitán José Crehuet y el cañón, y la tercera con Teobaldo y el sargento mayor Manuel González. Como reserva quedó Pedro Perena con una partida del 2.º de Huesca y otra del 1º de Lérida con el teniente Rafael Montem, encargados de seguir detrás de los franceses.
De este modo y con el mayor sigilo llegaron a Fonz, a las dos y media de la noche, celebrándose inmediatamente una junta de oficiales en casa de Pedro María Ric, en la que Fray Teobaldo mostró el siguiente ultimatum que pensaba enviar a Richard, tan pronto como este se acercase a la villa[72]:
Los coroneles y jefes que están a vuestra vista os hacen saber vuestra crítica situación; cinco mil hombres os atacan, el paisanaje está sobre las armas, las barcas del río inutilizadas, la división de Blake en movimiento sobre Aragón, el puente de Fraga roto y cercado por nuestra división y mil hombres de la plaza de Lérida en observación. Estáis destituidos de todo auxilio, pero el noble carácter español, deseoso de evitar la efusión de sangre os hace ver que toda resistencia será inútil y que si en el perentorio término de media hora no rendís las armas, experimentaréis los furores de la tropa española, y hecho, disfrutaréis de la benignidad que nos es característica, cual se ha verificado con el capitan de volteadores y Abdijon y su tropa”.
X.- Combates en Fonz y Estadilla, y rendición en el Esera ( 20 de mayo)
A las nueve de la mañana del día 20, sábado de Pentecostés, llegaron los franceses a Fonz, seguidos a distancia por los hombres de Perena, encontrándose allí con las fuerzas reunidas por Baget, Ric y fray Teobaldo cortándoles el paso. Teobaldo les remitió el escrito ya citado, pero el capitán Richard lo rechazó a fusilazos y ordenó a sus hombres prepararse para el ataque[73].
Viendo Baget que la intención de los franceses era la de atacar por el centro, fue allí, y colocó su único cañón en la era de la casa de Cistué, e niciado el combate, los franceses fueron recibidos a cañonazos y atacados inmediatamente tanto por la tropa como por el paisanaje, mujeres incluidas[74], y tras un sangriento choque fueron rechazados y obligados a refugiarse en unos olivares existentes en la parte que mira al río. Reagrupados, intentaron un nuevo ataque, pero apercibidos de ello los de Fonz, llevaron el cañón bajo la ermita de San José y desde allí, “a metralla y balarrasa” obligaron al enemigo a renunciar a sus intenciones de tomar la villa, situándose en un montecillo en donde hicieron un breve alto.
Baget ordenó entonces ponerse en movimiento a sus tropas para evitar que los imperiales escapasen, y mientras las columnas de Juan Domec y Pedro Perena marchaban a Estadilla, la restante, apostada en la torre de Corzán, se dirigía contra los franceses por las alturas de un cerro, y estos para evitar un nuevo choque cambiaron su rumbo dirigiéndose hacia Estadilla, ignorantes de que allí les esperaban las dos columnas ya citadas.
Al llegar a Estadilla se produjo un fuerte choque, con los hombres de Baget, Domec y Pedro Perena, tras el cual los franceses huyeron perseguidos por los españoles con su cañón, hasta la orilla del río Ésera, cerca de Estada, y allí en la llamada barqueta del Esera, especie de islote existente en la confluencia con el Cinca, viéndose acosados y agotados, los cuarenta coraceros, al mando del capitán Robichon, se lanzaron al río a lomos de sus caballos, logrando cruzarlo y ponerse a salvo 30 de ellos, mientras que los 10 restantes murieron ahogados en su tentativa; muchos infantes se arrojaron igualmente al agua, siendo perseguidos y apresados por Baget, que incluso llegó para ello a cruzar el río, mientras que los restantes, sin apenas municiones y sin atreverse a vadear el río por la intensísima corriente que todavía traía, se entregaban a los españoles, a los que en el último momento se habían unido algunas fuerzas regulares de la guarnición de Lérida, venidas desde Fraga y entre las que destacaban los Granaderos del Rgto. Granada[75].
Una parte de la infantería, al parecer las 2 cías. del 2º del Vístula, al ver llegar a los españoles con su cañón hasta la misma orilla, se habían separado del grueso de la columna, huyendo del río hacia las alturas “ de la otra parte de Estadilla”, pero allí fueron cercados por las columnas españolas de la izquierda y la derecha, viéndose obligados a entregar sus armas[76].
A las dos del mediodía la acción había concluido.
Toda la columna francesa, a excepción de los 30 coraceros ya citados, resultó muerta o prisionera, siendo unos 25 oficiales y 600 los apresados[77][78].
Un guión de compañía con la figura de un águila, fue tomado en esta acción y depositado años después en la ermita de la virgen de la Alegría en Monzón, permaneciendo allí hasta su incendio en 1936[79].
Ese mismo día se hizo desfilar en Fonz a los seiscientos prisioneros bajo los balcones de la casa palacio de Ric, sirviéndose en sus salones una exquisita comida para los vencedores en tres mesas: una para oficiales, otra para sargentos y la tercera para setenta soldados a los que el mismísimo Ric atendió personalmente, mientras su mujer, su madre y sus hermanas cortaban y cosían camisas para la tropa “empleando gustosamente cuanto lienzo tienen sin reservar ni un palmo para su uso personal”[80].
Los prisioneros franceses y polacos fueron conducidos a Tarragona y el día 26 atravesaron sus calles, “escoltados por aquellos mismos militares a quienes miraban con desprecio e injuriaban, pudiendo comprobar la generosidad de los jefes españoles, que únicamente quitan sus armas a los rendidos”.
Días después de la victoria, Lavalle, gobernador de Lérida, envió el parte de la misma al general Blake, incluyendo los partes dados a su vez por Perena y Teobaldo, haciendo notar que encontraba contradicciones en ellos y “algún espíritu de parcialidad por parte de todos, que no deja distinguir el verdadero mérito, y que puede producir algún descontento si Su Majestad tuviese a bien distinguir esta acción con algunas gracias”. Pero a pesar de esas contradicciones, señalaba Lavalle que todos los cuerpos cumplieron completamente con su deber, a excepción del Tercer Tercio de Lérida “que desde un principio fue moroso en el cumplimiento de mis órdenes cuando lo destaqué a Monzón desde Balaguer y que posteriormente, ya abandonaba los puntos que se le confiaba, ya huía vergonzosamente en los ataques” [81].
Concluía recomendando a los siguientes individuos:
Del Primer Tercio de Lérida al coronel don Juan Baget, a quien se atribuye justamente, la victoria; al sargento mayor don Manuel Pometa, elogiado de todos por su valor y constancia; al capitán don José Crehuet; al teniente don Guillermo Morfi; al subteniente don Manuel Peralta y a los distinguidos don Carlos Messeguer, don Matías Baget y don Pedro Pedrol.
Del 2.º ligero de Huesca, al capitán don Pedro Perena; al capitán don Juan Domec; a los dos ayudantes el capitán graduado don Ángel Blázquez y don Pedro Arizón, y al soldado Manuel Sarvisé.
Del Real Cuerpo de Artillería al teniente y comandante don Francisco Costa por la prontitud en sus movimientos y dirección de los fuegos; al sargento Blas Miguel, que secundó a su comandante con el mayor esmero y acierto.
Del regimiento de infantería de Granada al capitán don Ramón de Oros.
De los somatenes, al teniente coronel barón de la Menglana; al presbítero don Mateo Belloch, y a los oficiales don Antonio Gil, don José Pérez y don Francisco Bellostas por su grande valor y constancia.
Don Andrés Rodríguez, administrador de Correos de Monzón; don Lorenzo Barber, racionero de ídem, por su intrepidez y valor; al granadero don Manuel Moner, que fue gravemente herido por defender un vado que los enemigos intentaron pasar.
Añade que merece la mayor consideración la viuda doña María Cistué, la cual durante la acción, había asistido con sus criados a todos los oficiales y soldados, suministrándoles pan y vino, reuniendo además a algunos paisanos y soldados que andaban errantes por la villa, remitiéndolos a los puntos donde se hallaba apostada la tropa[82].
Por su parte, y además de a los ya citados, Baget recomendaba a todos los oficiales y soldados de su Primer Tercio de Lérida, pues llenaron su deber y en la clase de soldados no hubo ni un cobarde y entre ellos en especial al sargento Pedro Portolas y los soldados Manuel Moner, Joaquín Cubero y Pablo Fleta, “habiendo quedado el primero herido en la cara y en el brazo de unas cuchilladas y está muy de cuidado”; (especifica Baget que se debe excluir de la recomendación al oficial don Anastasio Corniá); a los somatenes de Lérida, Monzón, Estadilla, Estada, Peralta de la Sal, Calasanz, Olvena y “otros pueblos de esta ribera” y a sus comandantes el padre Salvador de las Escuelas Pías, don Vicente Clúa, capitán de llaves de Zaragoza y al teniente coronel don Carlos Verdiel. Finalmente nombra al alcalde de Fonz “digno de la mayor recomendación por su celo infatigable” y al padre don Teobaldo Rodríguez[83].
Y este, Fray Teobaldo, recomendó “el particular mérito” del coronel Perena[84] y de los oficiales del 2.º ligero de Huesca, y en general a los valerosos somatenes de la región “con otros muchos de los que aún no he recibido noticias evidentes sin las que juzgo no deber elevarlo a la consideración de V.S., pues es indispensable en materia tan delicada la mayor exactitud”, y añadía en posdata He sabido que el presbítero don Mateo Belloch se portó heroicamente en la función del veinte y las anteriores[85].
Según Brandt, testigo directo de los hechos, el principal error de Habert había sido el de perder varios días intentando el cruce del Cinca por diversos puntos, cuando lo que debería haber hecho era cruzar el primer día con toda su fuerza a Monzón, instalándose allí, pues desde dicho punto hubiese podido rechazar a todos los españoles, aun después de la crecida del Cinca.
XI.- Consecuencias
Los dos mil franceses restante de la división de Habert se habían replegado a Barbastro, y en la madrugada del día 21 abandonaron dicha localidad, dirigiéndose “llenos de temor y de oprobio” a Pina[86].
Mientras, en Zaragoza, el general Suchet se había hecho cargo el 19 de mayo del 3.er cuerpo de ejército en sustitución de Junot. El momento no podía ser peor para los franceses, ya que ese mismo día el nuevo ejército de Blake, salido de Tortosa, forzó a la división Laval a replegarse de Alcañiz a Samper, y Habert, como ya hemos visto, era seriamente castigado frente a Barbastro. Suchet, como buen estratega, comprendió la gravedad de su situación y ordenó a Habert que abandonase inmediatamente Barbastro con sus fuerzas y se retirase a Zaragoza. El día 23, Blake obtuvo en Alcañiz gran victoria sobre Suchet que se replegó hacia Zaragoza y ordenó la reunión de todos sus hombres en dicha plaza, a fin de intentar frenar el avance español. Siguiendo las órdenes de Suchet, el día 28 el destacamento francés de Huesca también se retiró a Zaragoza, quedando así toda la orilla izquierda del Ebro, salvo Jaca y el Arrabal de Zaragoza, libre de invasores.
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APENDICES:
1.- Parte de Lavalle, publicado en La Gaceta del Gobierno[87]:
Después que los generales franceses conde de Gazan y Mortier se alejaron con sus divisiones de los confines de esta importante plaza, procuré llamar la atención del enemigo, conforme a las instrucciones que me había comunicado el Excelentísimo señor don Joaquín Blake, hacia la ribera del Cinca, observando con la mayor vigilancia sus designios y movimientos y valiéndome para este efecto de parte de las tropas destinadas a la guarnición de esta misma plaza.
Ocupaba entonces el enemigo la ciudad de Barbastro y varios pueblos de su comarca, con algunos otros en la orilla derecha del Cinca y en la izquierda se hallaba dueño de Monzón y su castillo, desde donde molestaba con todo género de vejaciones los lugares inmediatos exigiendo de sus oprimidos habitantes raciones y otras contribuciones insoportables.
Negándose a aprontarlas la villa de Albelda, resolvieron los enemigos hacer en ella un ejemplar escarmiento y a este fin se pusieron en movimiento con la fuerza de mil cuatrocientos hombres. Pero tuvieron que desistir de su empresa vergonzosamente, habiéndolos batido en Tamarite las tropas apostadas allí de mi orden, de unos setecientos al mando de los coroneles don Felipe Perena y don Juan Baget y de varios somatenes aragoneses y catalanes, retirándose la mayor parte de ellos a Barbastro y quedando como unos doscientos en Monzón.
Cansados los naturales de esta villa de su insoportable yugo, se levantaron animosamente contra ellos, después de algunos días de sufrimiento y aunque armados de cuchillos y palos y solas siete escopetas, dejaron doce muertos en sus calles y los restantes pudieron salirse retirándose a Barbastro.
Deseosos de vengar este ultraje se dirigieron por la orilla derecha del Cinca a Pomar, por cuyo vado y barca pasaron en crecido número el 16 del corriente, resueltos a llevarlo todo a sangre y fuego. Atacaron, sostenidos de bastante caballería la villa de Monzón, en donde a la sazón se hallaba apostado el coronel don Felipe Perena con la gente de su reducido batallón y con un Tercio de Miqueletes de esta ciudad, con cuyas escasas fuerzas, por medio de un vivo y sostenido fuego, no sólo contuvo a los enemigos, sino que consiguió desalojarlos del lugar del Pueyo, de que ya se habían apoderado. Renovaron con mayor fuerza su ataque contra Monzón al día siguiente y lograron penetrar en sus calles, pero reforzado el coronel Perena por don Juan Baget que con las tropas de su mando voló en su socorro desde Fonz, fueron gloriosamente rechazados y precisados a retirarse, con pérdida considerable, hasta el mencionado Pueyo.
De todos estos acontecimientos me llegaban puntuales y frecuentísimos partes y según ellos, daba yo las órdenes convenientes, activando las operaciones y enviando a los puntos de ataque abundantes municiones y otros oportunos socorros. Escarmentados de este modo los enemigos, habían llamado en su ayuda los dos mil hombres que quedaban en Barbastro, los que llenos de orgullo se encaminaron aceleradamente a incorporarse con ellos, para atacar juntos con fuerzas superiores a nuestras valientes tropas. Mas el Cinca, cuyo paso era inevitable para su reunión, creció caudalosamente y a pesar de los mayores esfuerzos ni unos ni otros pudieron vadearlo. Los que se hallaban en la orilla izquierda de dicho río, intimidados y desanimados con este repentino incidente, se pusieron en fuga hacia Albalate, creyendo lograr su retirada por el puente de Fraga. Preví y calculé prontamente este movimiento y para frustrarlo enteramente, mandé quinientos hombres escogidos de la escasa guarnición de esta plaza, que quedaban a mis órdenes, entre ellos los granaderos del regimiento de infantería de Granada, para que sin detenerse un momento ocuparan el mencionado puente, lo cortaran en caso necesario y salieran al encuentro de los enemigos. Di aviso puntual de esta operación a los coroneles Baget y Perena, previniéndoles que por su parte persiguieran vivamente a los fugitivos que todavía ascendían a unos mil hombres con cuarenta caballos. Acosados éstos por todas partes, retrocedieron otra vez por Binéfar y San Esteban hacia Fonz y Estadilla, para salvarse repasando el Cinca por las montañas situadas sobre la confluencia del Ésera y lograron llegar hasta las cercanías de Estada, hostigados siempre por nuestros infatigables guerreros.
Molestaría la atención de V. E. si circunstanciadamente hubiera de detallar todos los sucesos en que se han distinguido a porfía los jefes, los oficiales y los soldados y los paisanos que en crecido número concurrieron de muchos pueblos y han tenido parte en tan gloriosas acciones. Baste decir a V. E. el feliz éxito de estos trabajosos y envidiables días, principalmente el 16, 17 y 21 del corriente. Más de seiscientos soldados y un crecido número de oficiales prisioneros; el comandante, grande oficial de la Legión de Honor, sumergido en las aguas del Cinca, muchos otros muertos en el campo de batalla y otros heridos y ahogados en el mismo río. En fin, mil trescientos franceses de sus mejores tropas destrozados y aniquilados, son su resultado tan glorioso para nuestras armas, como funesto e ignominioso para los enemigos. Los dos mil hombres que habían quedado en la orilla derecha del Cinca, habiéndose por último replegado a Barbastro, abandonaron esta ciudad en la madrugada del día 21 y llenos de temor y de oprobio se dirigen a Pina.
He comunicado constantemente todos los insinuados sucesos al general en jefe, pero su conocida importancia, el general entusiasmo que han manifestado una gran porción de leales aragoneses, el valor que reanima venturosamente a aquellos oprimidos pueblos y las ventajas que podrá proporcionar su patriotismo, sostenido oportunamente en las montañas, condado de Ribagorza y tierra de Barbastro, me han movido a participarlo a V. E., cuya superior aprobación espero merecer, suplicándole al mismo tiempo tenga la bondad de elevarlo todo a noticia de S. M. si así lo estimare por conveniente.
2.- Memorial del Ayuntamiento y del cura párroco de Fonz[88]:
... rendida Zaragoza causó esta pérdida una sensación que se dejó sentir en toda la península; los franceses se creyeron dueños de todo Aragón pero se hallaron muy defraudados por lo tocante a Fonz, cuyos vecinos hicieron construir toscos puñales ya que no era posible adquirir otras armas y el día primero de mayo de mil ochocientos y nueve se tocó el somatén y el pueblo se presentó en la orilla izquierda del Cinca ocupando el enemigo la derecha. V. S. I. que conoce la soberbia francesa, conocerá también cual sería su rabia al ver la valiente resolución de este pueblo. Con efecto pocos días después cargando gente y aumentando resolución, ganaron los franceses la barca de Pomar, se dirigieron hacia acá y no pudiendo penetrar por Monzón hicieron una retirada a Bellver, distante como ocho leguas, desde donde cautelosamente hicieron una contramarcha para sorprender a esta leal villa. Cuando se creía al enemigo distante, se supo entrada la noche del diez y nueve de aquel mismo mes de mayo, que se hallaba en San Esteban, distante de aquí dos leguas y que había pedido guías para Fonz, que era el objeto de su furor. Cualquier pueblo se hubiera aterrado con una noticia tan imprevista como peligrosa, pero estos honrados y leales vecinos, lejos de eso acudieron a las armas y estuvieron toda la noche esperando al enemigo que con efecto llegó a la mañana siguiente. Pero ¡cual fue su sorpresa cuando vio las avenidas del pueblo coronadas de gente y que hasta los eclesiásticos, las mujeres y los niños los esperaban con alegre algazara presagiando la victoria!
Llegaron al pie del pueblo pero a vista de aquella serenidad no tuvieron pecho para pasar adelante y desviándose se encaminaron hacia el río Cinca con la mira de vadearlo para reunirse a la división que estaba en Barbastro, pero también les fue inútil este recurso porque descendiendo el pueblo a las llanuras, los fue llevando, persiguiendo y acosando a manera de una batida, hasta reducirlos al extremo de rendirse o intentar el paso del Cinca que a la sazón no estaba vadeable. Eligieron este segundo partido hasta que desengañados de la imposibilidad se rindieron seiscientos prisioneros con más de treinta oficiales y entraron en Fonz aquella tarde; todos los demás a excepción de diez y nueve coraceros a quienes salvaron sus caballos, perdieron la vida como merecían. Pero en obsequio de la verdad y desahogo de la gratitud, debe decirse que los voluntarios de Huesca y de Lérida y los vecinos de todos los pueblos comarcanos, apenas oyeron la campana del somatén acudieron al auxilio con un celo y valor que Fonz jamás olvidará.
3.- Libro parroquial de la villa de Fonz, por su cura párroco, el licenciado don Vicente Pano[89]:
En el día 20 de mayo de 1809 no se pudieron hacer las funciones de los dos entierros inmediatos por haber acaecido en este día una batalla entre las tropas francesas y españolas, que luego por la mañana se comenzó en esta villa y se terminó a las inmediaciones del Cinca. Tampoco se pudo bendecir la pila bautismal, habiendo ocurrido en este día la Vigilia de Pentecostés, ni se pudo hacerse función alguna de iglesia por la revolución tan extraordinaria que hubo en este pueblo, bien que a las dos de la tarde quedó ya todo pacífico y sosegado por entonces, porque se hicieron prisioneros más de seiscientos franceses, y los restantes, hasta mil y cien se ahogaron en el Cinca, habiendo mostrado los vecinos de este pueblo su valor y desprecio por la vida por el Rey, Patria y Religión.
[1]Regimientos 21.º y 28.º de infantería ligera y 100.º y 103.º de línea.
[2]10.º de húsares, 21.º de cazadores y otro que desconocemos.
[3]López Novoa; Saturnino: Historia de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Barbastro. Barcelona 1861. p. 383.
[4]Belmas; J.: Journeaux des sièges faits ou soutenus par les français de 1807 a 1814, dans la peninsule, redigès d'aprés les ordres du gouvernement, sur les documents existant aux archives de la guerre et au depot des fortifications. París, Firmin Didot Ed., 1836. Dos tomos. I, p.422.
[5]De estos hechos dio noticia ese mismo día la Junta de Lérida. Huguet Miró, Ramón: Efemérides de la Guerra de Independencia en Cataluña. Lérida 1915.108. Comunicado a la Junta de Lérida. Almenar, 10 de abril de 1809.
[6]Biblioteca Universitaria de Zaragoza: Diario manuscrito de Faustino Casamayor Ceballos. Días 10 y 15 de abril de 1809 y Gaceta del Gobierno de 1809
[7]De esta evacuación da cuenta la Gaceta del Gobierno: Gaceta del Gobierno de 1809.
[8] Durante los Sitios de Zaragoza esta División era mandada por Grandgeand, y se componia de las brigadas de Habert y Laval, pero el 27 de marzo tomo el mando Habert, y el 5 de abril le sustituyo Laval.
[9] El libro registro de estados de situación del 3 cuerpo, al estar redactado en Zaragoza, lejos de los destinos de muchas de sus unidades, se resiente por ello de un retraso en las informaciones que refleja, y asi vemos que hasta el 21 de abril no situa a la infantería de Habert “en ruta para ir a Fraga, Monzón y Barbastro”, y lo mismo con el 13° de coraceros, cuya marcha de 220 hombres de Huesca “hacia Fraga” no aparece reflejada hasta el dia 23. No figurando los tres cuerpos como “ en Monzón y Barbastro” hasta el 26 de abril. Es decir que refleja las informaciones con un retraso variable de entre 5 y 8 dias. ( Archivo Historico Nacional, Madrid, sec. Estado, libro 930).
[10] De estos movimientos franceses dio cuenta el regidor de Fraga, don Domingo Arqués, al gobernador de Lérida ese mismo día 17, notificándole la llegada de un escuadrón francés de caballería y cuatro mil infantes y posteriormente otros tres mil infantes franceses con tres cañones de a 4 y un obús.
[11]El Rapport, o informe del Tercer Cuerpo de Ejército, correspondiente a esa quincena y redactado el 21 abril 1809 por su Jefe de Estado Mayor Mr. Arizpe dice así ( Archivo Histórico Vincennes C8-358 Armée): “ La 1ª División esta reunida cerca de Alcañiz. El 5ª cuerpo, que ocupaba la orilla izquieda del Ebro hacia Fraga y Monzón recibió orden de trasladarse a Logroño; la Brigada de el General Habert a pasado el Ebro en Caspe para ir a cubrir la linea que dejaba el 5º cuerpo; esta Brigada a sido reforzada con 220 coraceros del 13º Regimiento, salidos de Huesca. La ruta de Zaragoza a Alcañiz a sido asegurada por 4 compañías del 115º Regimiento, situados en Belchite, Codo y Azuara. Las bandas de brigantes y de contrabandistas infectan el país, persiguiéndoseles a ultranza, pero se llega raramente a alcanzarles, y esta caza fatiga mucho a los destacamentos”.
[12]Brandt, Général De: Souvenirs d’un officier polonais. Scènes de la vie militaire en Espagne et en Russie (1808-1812). París. À la librairie des Deux Empires. 2002. Reedición facsímil de la obra original publicada en 1868. p.57.
[13]Brandt: pp. 57-59.
[14]Gómez de Arteche; José: Historia de la Guerra de la Independencia. Madrid 1868-1903. Catorce tomos. Este autor da la fecha del 10 de mayo, creo ser cierta la del 21 de abril, que es la que se da en la Hoja de Servicios de Perena.
[15]Brandt: p. 52.
[16]Don Felipe Perena y Casayús, natural de Huesca, militar retirado al comienzo de las hostilidades con los franceses y encargado por Palafox para organizar el levantamiento en Huesca y su partido. Combate a los franceses hasta la caída de Lérida en 1810 en que es hecho prisionero y enviado a Francia. Para más información sobre Perena, ver Don Felipe Perena y Casayús, Guirao Larrañaga; Ramón. Premios “Antonio Durán Gudiol”. Ayuntamiento de Huesca. 1999.
[17]El coronel Juan Baget, que había participado con su tercio en la batalla del Bruch, había sido enviado a esta zona mediocinqueña como refuerzo por la Junta de Lérida en enero de 1809.
[18]Fray Teobaldo era un fraile cisterciense, natural de Madrid que a finales de mayo de 1808 se encontraba en el colegio cisterciense de Alcalá de Henares desde donde marcha a Zaragoza, conociendo allí a Palafox que le encarga defender la sierra de Alcubierre junto al oscense Perena durante el segundo sitio de Zaragoza, retirándose hacia el Cinca al caer la capital aragonesa. Para más información sobre Teobaldo ver Guirao Larrañaga, Ramón y Sorando Muzás, Luis: El Altoaragón en la Guerra de la Independencia, Premios “Sitios de Zaragoza”, Institución Fernando el Católico, Zaragoza 1995.
[19]Don Pedro María Ric y Montserrat nace en Fonz el 24 de septiembre de 1776. Hijo de Miguel Esteban Ric y Pueyo de Urriens, barón de Valdeolivos. En la Universidad Sertoriana de Huesca estudió Humanidades, llegando a ser Profesor y posteriormente rector de dicha Universidad. Casó con doña María de la Consolación de Azlor y Villavicencio, condesa de Bureta, distinguiéndose ambos en los dos sitios de Zaragoza por su valor y abnegación. Se distinguirá tras la caída de Zaragoza peleando contra los franceses en la zona del Cinca hasta que marcha a Cádiz para participar como diputado aragonés en las Cortes. Para conocer más aspectos de la vida de don Pedro María Ric puede consultarse la obra de Mariano de Pano y Ruat