ATARDECER EN SANTA ELENA, por  Joan Agustí Nogués.

 

 

            “Tengo comenzada un comedia de título Napoleón (…) Creo que debo de seguir adelante (…) Dejé de escribirla por falta de un plan. ¿Seré capaz, por una sola vez, de   elaborar, con todo su detalle, no ya un plan, sino un plano de la comedia? ¿De verla en su conjunto antes de escribirla, y de realizarla luego aproximadamente según estas previsiones? (…). GONZALO TORRENTE BALLESTER. Diario de trabajo. (11 de mayo de 1.947).

            Escribía Torrente Ballester, que su interés por el tema del “mito” obedecía a su experiencia personal, testigo como fue de creaciones y destrucciones, de mitos y contratitos, entendiendo como mito la proyección social de una figura humana entendida como que los demás creen de ella  y reducida a caracteres fijos, a perfiles inamovibles, a palabras invariables y repetidas (casi siempre adjetivos). El mito, así entendido, puede ser el resultado espontáneo y necesario de una conducta histórica, o de una manipulación voluntaria y calculada,  sin  que esto obligue a descartar variantes y matices. Pero no es necesario que en todos los casos el mito se apoye en una realidad humana, sino que puede asentarse en un vacío tejido de meras palabras. Es imaginable una oposición, quizá una contradicción,  entre el hombre (el mitificado) y su mito, de modo que pueda establecerse entre ambos una relación  dramática.

            Torrente Ballester nos habla de Napoleón como un subtema suyo, quizás heredado de su padre en la más tierna infancia,  leyendo posteriormente mucho acerca de Napoleón. En 1.948 cayó en sus manos “Diario de mi vida en Santa Elena”, del general Gaspar Gourgaud. De él procede “Atardecer en Longwood”.

            Y aquí entra en escena Joaquín Hinojosa, que reconoce como dos pasiones fundamentales la escritura de Torrente Ballester y poner en escena “Atardecer en Longwood”, obra de la que solicitó los derechos en 1.984 y que de común acuerdo cambiaron su título por el de “Atardecer en Santa Elena”. Cuando tras casi quince años de intentos y gestiones se acababa de formalizar el acuerdo para la producción de la obra, Torrente murió. Finalmente, se estrenó en diciembre de 1.999 en el Teatre Principal de València, producida por Teatres de la Generalitat Valenciana dirigida, por supuesto, por Joaquín Hinojosa.

            La obra empieza presentándonos la monotonía intolerable y desesperada en Longwood, donde el tedio, la mediocridad del alojamiento y los celos provocan conflictos entre aquel reducido grupo de hombres y mujeres cuyo único lazo es el Emperador. Podemos apreciar la existencia monótona,  penosa y claustrofóbica de este pequeño grupo de personas, aferrado a sus recuerdos y a la nostalgia.

            De repente, un suceso fortuito, el cañoneo sobrevenido una tarde y la disparatada y súbita esperanza de que venían a liberarlos, les hace olvidar odios y rencillas y recuperar, por un momento, dignidad, valor y honor, hasta que el pronto descubrimiento de que es una falsa esperanza, junto con la decepción y la vergonzosa sensación de ridículo les devuelve a la misma miseria moral anterior.

            De la representación,  deseamos destacar el trabajo de Josep Minguell, como un creíble Napoleón Bonaparte; a Isabel Carmona (Mme. de Montholon), que nos emocionó cuando con voz entrecortada, inicia el canto de “La Marsellesa” en el momento álgido de la obra y, sobre todo, queremos destacar el magnífico trabajo de Hinojosa interpretando a Gourgaud y agradecerle su tesón para llevar adelante la obra.

 

 

            Joan Agustí Nogués.

 

 

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