MARISCAL SOULT, DUQUE DE DALMACIA.
Por D. Mark Zbigniew Guscin,
Licenciado en Filología Clásica, Master en Latín Medieval.
Articulo cedido la Asociación Napoleonica Española
El 19 de mayo de 1804 Napoleón nombró a dieciocho mariscales del Imperio
francés, cuatro de los cuales eran honorarios (Kellerman, Lefèbvre, Pérignon y
Sérurier). Los catorce activos eran Berthier, Murat, Moncey, Jourdan, Masséna,
Augereau, Bernadotte, Brune, Lannes, Mortier, Ney, Davout, Bessières, y Soult.
Más tarde fueron nombrados también Victor (1807), MacDonald, Marmont, Oudinot
(1809), Suchet (1811), St. Cyr (1812), Poniatowski (1813) y Grouchy (1815).
Soult tenía treinta y cinco años al ser nombrado mariscal.
Jean-de-Dieu Soult nació en 1769 en Saint Amans-la-Bastide, hijo de un notario
del pueblo. Ya estuvo en la infantería real antes de cumplir los veinte años, y
se supone que fue un soldado excepcional desde el principio porque muy pronto
llegó a sargento. Sin embargo, Soult cambiaba de idea con la misma rapidez con
que se promocionaba en el ejército. Mientras estuvo en su pueblo natal de
visita, decidió de pronto que quería dejar la profesión de soldado y hacerse
panadero, alegando que le gustaba vestirse de blanco y trabajar con harina.
Afortunadamente, su familia le disuadió y volvió al ejército. Se cas6 en 1796
con Louise Berg, con quien tuvo dos hijos, Napoleón-Héctor y Hortense.
En 1800 estuvo en Marengo bajo los órdenes de Masséna, pero fue herido y
capturado. La batalla se desarrolló mientras Soult estaba en el hospital
militar, y durante la misma tuvo lugar una de las maniobras más perfectamente
llevadas a cabo en toda la historia militar por parte de los franceses, que se
llevaron la victoria.
Al formar parte del Gran Ejército, con una anecdota se percibe el patriotismo de
Soult. En una obra de teatro para los soldados había el papel de un soldado
francés cobarde, pero Soult la censuró afirmando que en el ejército francés no
había cobardes. El autor se negó a cambiar el texto, Soult tampoco cedía, y como
consecuencia la obra nunca llegó al escenario.
En 1805 estuvo Soult en Austerlitz, otra gran victoria francesa. Antes de que
comenzara la batalla, Napoleón le había dicho: ”Mariscal, no tengo nada que
ordenarle. Haga como siempre”. Después de la victoria, el emperador le llamó el
mejor estratega de Europa. Quizá como consecuencia de esto, y a pesar de que la
victoria fue de todos, Soult llegó a creerla propiamente suya. Después de la
batalla dijo al emperador que si iba a repartir algún título, a él le gustaría
el de Conde, Marqués o Duque de Austerlitz. Soult también luchó en Jena y sufrió
en Polonia, donde tuvo sus más y sus menos con el Mariscal Murat. La caballería
de Murat no tenía comida, como todo el ejército, y con estas circunstancias
difíciles para todos a Murat se le ocurrió exponer a la infantería de Soult al
mayor peligro para proteger a su caballería. Sin embargo, cuando los franceses
tuvieron que retirarse durante la batalla de Heilsburg, Soult se dio cuenta de
que la infantería mantenía un orden perfecto mientras que la caballería huía en
desorden. En pleno campo de batalla dijo a Murat: ”¿Qué me dices ahora de los
méritos de la infantería y la caballería, chico?”. Murat se cal1ó. Durante la
misma campaña, debido a la escasez de aprovisionamientos, un general del cuerpo
de Soult se apoderó de un suministro de pan y vino que iba destinado a Ney, un
ejemplo de la poca simpatía entre los dos mariscales que les llevaría a luchar
cuerpo a cuerpo en Lugo en mayo de 1809.
El 8 de febrero de 1807, el ejército francés se enfrentó a los rusos en Eylau,
con sólo 50 000 hombres contra 75 000. Además, los franceses tenían el viento y
una tormenta de nieve en contra, y se salvaron de la derrota total debido a las
cargas heroicas de Murat. Esa misma noche, hubo consejo de guerra en el
hospital, donde debido al intenso frío los cirujanos apenas podían sostener sus
instrumentos. Se reunieron Napoleón Soult, Berthier y Murat, rodeados de brazos
y piernas amputados. Decidieron intentar mantener la posición durante un día
más, pero cuando salía Soult, le llamó Napoleón y le dijo: ”Los rusos nos han
hecho mucho daño”. Contestó Soult : ”Nosotros a ellos también. Nuestras balas no
son de algodón ”. Fué una respuesta valiente, más valiente que verdadera.
A principios de 1808 Napoleón repartió los esperados títulos entre sus
mariscales. Soult había esperado ser nombrado Duque de Austerlitz, pero Napoleón
no concedió ningún titulo relacionado con las cuatro batallas cuya gloria quería
reservar para si mismo: Austerlitz, Marengo, Jena y Friedland. Soult tuvo que
contentarse con el título de Duque de Dalmacia, una zona que había pertenecido
al estado de Venecia. No le gustó el titulo porque no guardaba relación con
ninguna hazaña militar.
Soult en España.
En la península Soult recibió el mando del segundo cuerpo, reemplazando a
Bessiéres en este puesto. La campaña en España tenia dos objetivos distintos, el
primero del cual, la derrota del ejército español y la toma de Madrid, fue
supervisado por el emperador en persona. El segundo objetivo era invadir
Portugal, destruir al ejército inglés y tomar Lisboa. Cuando Napoleón se enteró
de la presencia de los ingleses en Castilla, se metió en cólera y envió toda la
guardia de Madrid y otras tropas, un total de 80 000 hombres, a enfrentarse a
las tropas de Moore. El mal tiempo retrasó el avance francés y dio el tiempo
necesario a Moore para empezar la retirada hacia el mar, y el 1 de enero de
1809, Napoleón recibió noticias de un complot de Talleyrand, Fouché y el rey
Joaquín de Nápoles. Dejó la persecución de los ingleses en manos de Soult,
apoyado por la caballería de Ney.
Soult tomó el mando del segundo cuerpo en España en noviembre de 1808 y marchó
sobre Burgos. De allí avanzó por la costa norte de la península, llegando a
Asturias, y después bajó hacia el Carrión. Recibido el orden de perseguir a los
ingleses, Soult llegó a Astorga el 1 de enero de 1809. De Astorga fue detrás de
Sir John Moore por Bembibre, Cacabelos, Villafranca, Lugo y Betanzos hacia La
Coruña, donde el 16 de enero se enfrentó al ejército inglés. La gran mayoría de
las tropas británicas embarcaron y se escaparon, a pesar de perder a su general.
Los historiadores ingleses suelen afirmar que Soult podría haber destruido el
ejército de Moore, escapandose este último debido a los errores del mariscal
francés. En sus propias memorias Soult dice que nunca pretendía verse inmerso en
una batalla, ya que su ejército estaba diezmado y tenía enfrente a unas tropas
bien situadas. En cuanto los ingleses se habían ido, Soult entró en la ciudad y
levantó un monumento a su enemigo muerto Moore. Otra vez se deja ver la nobleza
del rnariscal francés.
Después de tomar las ciudades de La Coruña y El Ferrol, Soult avanzó hacia
Lisboa pero se quedó bastante tiempo en Oporto, según sus detractores porque
meditaba un plan para proclamarse rey de Portugal. Según algunos, sus hombres
incluso llegaron a llamarle ”Roi Nicolás” (estos mismos detractores afirman que
el mariscal se llamaba Nicolás Jean de Dieu Soult), pero según otros esto es
imposible, ya que el nombre de Nicolás no figura en ningún documento oficial del
mariscal. Todo el episodio de pensar en proclamarse rey parece más bien
resultado de las calumnias de Ney.
El 29 de mayo de 1809, Soult se encontró con su enemigo Ney en la ciudad de
Lugo. Discutieron, y las palabras violentas dieron paso a la acción. Los dos
mariscales lucharon cuerpo a cuerpo con las espadas desenvainadas, provocando la
misma reacción en los hombres de cada uno. Cuando vieron lo que habían
comenzado, pacificaron a sus hombres y se portaron como era debido, aunque
siempre con un odio mal disimulado. Cuando el emperador reorganizó el mando en
España Soult fue nombrado asesor militar del rey José, con Ney y Mortier a su
mando. Soult había ganado en esta ocasión a Ney.
Soult estuvo en España durante 1810, y se fue al sur de la península, feliz de
alejarse de Ney. Camino al sur, se encontró con unos heridos ingleses en
Plasencia, y les dió tratamiento médico y mosquetes para defenderse contra los
bandidos. Así mostró Soult una vez más su gran espíritu humano. Estando en
Andalucía capturó la fortaleza de Badajoz, pero perdió la batalla de Albuera
cuando tenía todo a su favor. Después de esta batalla, el Duque de Wellington
dijo que Soult sabía colocar a sus hombres en el campo de batalla, pero no sabia
muy bien qué hacer con ellos una vez que los tenía allí.
En 1812, Soult abandonó Sevilla y se fue a Valencia, donde discutía
constantemente con José y Jourdan. El rey José escribió a su hermano pidiendo
que Soult fuese retirado de servicio, pero la carta llegó cuando Napoleón
empezaba a tener problemas en Rusia, y fue ignorada. Sin embargo, en 1813, Soult
si fue retirado de España, pero debido a los desastres perpetrados por José y
Jourdan, se encontró de repente al mando de todo el ejército de la península.
Fué un nombramiento tardío ya que Soult se encontró con un ejército roto y
desmoralizado. Aún así luchó bien y avanzó durante trece días pero fue imposible
parar a Wellington. Los últimos franceses abandonaron España en octubre de 1813.
Después de España.
En 1814 Francia volvió a ser una monarquía con los mariscales de Napoleón
activamente metidos en el gobierno, puesto que todo el mundo quería lograr la
paz y evitar las venganzas. Soult fue nombrado Ministro de Guerra. Al año
siguiente, cuando volvió Napoleón Soult fue declarado sospechoso por los
partidarios de la monarquía y se vio libre para volver con el emperador.
Acompañó a las fuerzas francesas a Waterloo, donde participó en la derrota total
del emperador. Gran parte de la culpa se encuentra con Ney, quien se negó a
obedecer a Napoleón cuando este le ordenó que fuera a Ligny con el cuerpo de
reserva.
Soult se escapó después de Waterloo, y se salvó de ser fusilado con otros
mariscales. Fue indultado en 1819, y pudo volver a sus tierras y disfrutar de su
título. Volvió a la vida pública en 1826, y en un banquete ofrecido por el
embajador de Austria, fue presentado como el mariscal Soult en vez de el Duque
de Dalmacia, porque el gobierno austríaco había decidido no reconocer los
títulos de los duques de tierras tomadas de Austria o de Italia. Los mariscales
entendieron esto como un insulto y la opinión pública en Francia apoyó a sus
mariscales.
Con la revolución de 1830, Soult fue nombrado de nuevo Ministro de Guerra, y
solía trabajar dieciocho horas diarias en la tarea de reconstruir el ejército.
En 1835 el mariscal Mortier fue asesinado por una bomba que iba dirigida al rey
Louis Philippe. Soult comentó mirando fijamente al cielo: ”Empieza a sonar la
retirada”. En 1837, asistió a la coronación de la reina Victoria de Inglaterra
como representante oficial de Francia, llegando incluso a entrevistarse con la
joven reina. Al terminar de hablar, se acercó Wellington por detrás, sin que
Soult lo viera, le echó las manos encima con las palabras: ”Por fin te tengo”,
demostrando así como los enemigos pueden ser amigos también en tiempos de paz.
En 1847, fue nombrado Mariscal General de Francia, un título hecho especialmente
para él y concedido só1o cuatro veces en toda la larga historia de Francia.
Ahora vivía en su castillo de Soult-Berg, rodeado por su colección de pinturas.
Su preferida era en Murillo, vendida en 563 000 francos después de la muerte del
mariscal. Soult también tenía unos supuestos cabellos de Rodrigo Díaz de Vivar,
el Cid, obtenidos de la tumba del caballero en Burgos. Soult había construido su
propia tumba en su pueblo natal de Saint Amans-la-Bastide, con unos bronces de
la columna del Gran Ejército de Bolonia. La columna se había derrumbado, y Soult
compró los bronces a un vendedor de arte, quejándose de que ya los había pagado
antes.
Murió el 26 de noviembre de 1851, a la edad de ochenta y dos años. El último de
los mariscales, Marmont, le sobrevivió un año. Que de souvenirs! Que de regrets!
APÉNDICE: LOS MUERTOS EN LA BATALLA DE ELVIÑA
El patriotismo es el peor enemigo del historiador, y siempre lo ha sido.
Afortunadamente, es fácil de notar, y siempre se debe dudar de lo que se dice en
un libro de historia manchado con el patriotismo. El historiador tiene que estar
por encima de todas las simpatías e ideologías políticas y nacionales, aceptando
lo bueno y lo malo que han hecho todas las naciones en su historia. Todos los
países del mundo han logrado victorias y han cosechado derrotas, y no hay que
buscar excusas sino contar lo que pasó con una frialdad absoluta, buscando
razones de por qué alguien actuó de cierta manera, estudiando todos los detalles
de las guerras, pero nunca caer en los vulgarismos de hablar de ”nosotros” y
”ellos”, ”héroes” y ”villanos”, como se ha visto en un libro reciente sobre la
Gran Armada, más de cuatrocientos años después del suceso.
Se puede ver esto al comparar lo que dicen las distintas fuentes sobre las
cifras de muertos y heridos en la batalla de Elviña. Un libro inglés titulado
The Greenhill Napoleonic Wars Data Book describe la batalla de Elviña como una
victoria británica, con las siguientes cifras: las tropas de Moore sólo
perdieron a l37 hombres con 497 heridos, mientras las bajas francesas
(incluyendo a los heridos) alcanzaron la cifra de 1 400. Las bajas francesas
llegan a más de 3 000 según John Keltie en History of the Scottish Highlands,
Highland Clans and Regiments, aunque según el mismo libro las bajas británicas
fueron unas 800. El excelente libro de Christopher Hibbert, titulado Corunna,
cifra las bajas británicas de toda la campaña española de Moore en casi 6 000
hombres, sin especificar cuantos cayeron durante la batalla, aunque es bien
conocido que las muertes durante la retirada fueron más que durante la batalla.
La biografía de Moore de Roger Parkinson (Moore of Corunna) también admite la
cifra de 6 000 bajas durante la retirada, añadiendo que 600 más cayeron durante
la batalla. El General Hope, quien tomó el mando de las fuerzas británicas
después de la muerte de Moore, estima que entre 700 y 800 ingleses murieron en
la batalla, aunque Sir Charles Oman en su obra monumental A History of the
Peninsular War cree que exagera algo.
Soult reclama la batalla de Elviña como una victoria francesa, con tan só1o 150
bajas en su ejército y 500 heridos. Dice que las bajas inglesas durante la
batalla alcanzaron 2 000, en parte porque no creía que los ingleses habían
perdido tantos hombres durante la retirada. El Mariscal Jourdan estima las
pérdidas francesas en 1 000 hombres en la batalla. Oman, que también habla de la
”victoria” británica, las calcula en 1 500.
Las cifras más razonables parecen ser unos 800 muertos ingleses y quizá l 000 o
incluso algo menos para los franceses. Ambos ejércitos hablan de una victoria.
Esto en la historia normalmente quiere decir que el resultado de la batalla no
fue claro. La verdad es que en cierta medida ambos ejércitos consiguieron lo que
querían los franceses querían echar a los ingleses del país y los ingleses
querían retirarse de la península con su ejército intacto. El ejército británico
escapó pero pagó un precio terrible con la muerte de su general.