DIARIO DE NAVARRA. , 26 de noviembre de 2007
199 ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE TUDELA
Tudela revive su batalla a golpe de fusil
- 150 personas reconstruyeron este episodio de la Guerra de la Independencia -
Cerca de un millar de personas se concentraron en el parque de la nueva
urbanización de la Albea para seguir la contienda - Artillería, caballería e
infantería se repartieron en un total de dieciséis regimientos, cada uno con su
propio uniforme.
NEREA ALEJOS . TUDELA
Frío, caos, pólvora, cañonazos y disparos de fusil. Todo eso pudieron percibir
las cerca del millar de personas que se concentraron en el parque de la nueva
urbanización de la Albea de Tudela, que ayer por la tarde se convirtió en un
campo de batalla en el que durante una hora se enfrentaron los ejércitos español
y francés.
El episodio, representado por varias asociaciones histórico-culturales,
coordinadas por la de los Voluntarios de Aragón, fue una reproducción muy a
pequeña escala de lo que verdaderamente sucedió hace 199 años.
El escenario remitía al marco real de la batalla, bajo el monte de Santa
Quiteria, dejando a la izquierda el cerro de Santa Bárbara y con el río Queiles
frente al público. Unas 120 personas ocuparon unas gradas instaladas para
facilitar una visión panorámica de la batalla. Corría el Cierzo, hasta el punto
de que hacía moverse los altavoces del sistema de megafonía.
El resto de los espectadores permanecieron de pie, dispersados por el parque.
Eran las cuatro de la tarde cuando comenzó la exhibición de la caballería, a
cargo de ocho jinetes. La mayoría portaban sables, pero uno de ellos se encargó
de que sonara el primer disparo de fusil.
Media hora después, comenzó el desfile de los 16 regimientos que iban a tomar
parte en la recreación de la batalla. Cada uno de ellos portaba su bandera y su
propio uniforme.
A los Voluntarios de Aragón se les podía distinguir por la pluma verde de su
bicornio; al regimiento de Jaén, por su uniforme blanco y azul, mientras la
Guardia Imperial francesa portaba gorros de piel de oso y casacas de color azul
oscuro. A Tudela también acudió un grupo de polacos para encarnar a la Legión
del Vístula, que combatía con los franceses.
"Vamos a perder", anunció al público el periodista de la SER Joaquín Torrents,
que se encargó de narrar la contienda con la colaboración de Carlos Millán.
Antes de entrar en batalla, los regimientos se iban arrodillando y
descubriéndose la cabeza para recibir la bendición de un fraile.
El general Castaños dirigía las tropas españolas, mientras el mariscal Lannes
mandaba sobre los franceses. El disparo de un cañonazo anunció el comienzo de la
batalla. Los contendientes se posicionaron a ambas orillas del río y los
disparos de fusil se sucedieron, mientras no dejaban de cargarse tres cañones
que añadían aún más espectacularidad a la exhibición. Artillería, caballería e
infantería protagonizaron las maniobras.
Aún y todo, hacía falta mucha imaginación para hacerse una idea del tipo de
batalla que se libró. Si ante el público había unos 150 soldados, el 23 de
noviembre de 1808 eran más de 60.000 quienes combatían (unos 30.000 por cada
bando). Y lo hacían en medio de un ruido ensordecedor, mientras el olor de la
pólvora y el humo apenas les dejarían respirar.
Pero quizá era el peor enemigo fue el frío, el único elemento que pudo percibir
el público en carne propia con unos ocho grados de temperatura y un persistente
Cierzo. El día en que tuvo lugar la batalla, al frío le acompañó la lluvia, lo
que endureció aún más las condiciones.
Entre otros detalles, el público pudo apreciar que el hecho de cargar los
cañones requería su tiempo, y que el sonido del tambor resultaba indispensable
para poder obedecer las directrices de los mandos en medio del caos. Era
imposible emprenderla a gritos, y quedó comprobado con el hecho de que un solo
disparo de cañón desdibujaba la voz de los narradores.
Repliegue al Casco Viejo
"¡Retirada!", anunciaron a las cinco y media de la tarde, mientras parte del
público parecía haber obedecido esa orden un rato antes, debido al frío. Tras
los últimos enfrentamientos cuerpo a cuerpo, la batalla concluyó entre los
aplausos de los espectadores, pero no las escaramuzas.
Las tropas se replegaron al casco viejo de Tudela, donde se dispersaron cuando
ya había anochecido, lo que hizo que se apreciaran los fogonazos de los
disparos. Los disparos no cesaron, sobre todo en la calle Herrerías, donde se
concentraron varios regimientos. El ruido de los fusiles hizo que bastantes
personas se taparan los oídos.