DIARIO LAS PROVINCIAS. 10.07.09 - Artículos
Reflexiones sobre la expulsión de los moriscos
MIGUEL APARICI NAVARRO | CRONISTA OFICIAL DE CORTES DE PALLÁS
El próximo domingo 19 de julio veré hecha realidad la idea que le propuse al
alcalde de Cortes de Pallás, Alberto Sáez, de realizar una recreación histórica
de la rebelión de los moriscos. A las 12 del mediodía y con la participación de
cincuenta miembros de la Asociación Napoleónica Valenciana.
Pero visto lo visto y leído lo leído me han quedado como poso tres pensamientos
que no consigo apartar de mi mente y que expongo a continuación en forma de
reflexiones.
¿TENÍAN LOS MORISCOS GANAS DE MARCHARSE?
Me sorprende la pasividad con que los moriscos del Valle de Ayora-Cofrentes
iniciaron la marcha. Pese a que el bando emitido fue brutal y con penas de
muerte instantáneas para los que lo contravinieran, se detecta un conformismo
decantado (a excepción de unos muy pocos miles en la Muela de Cortes y el Valle
de Laguar) en estas más de cien mil personas moriscas valencianas.
Relegados -en general- a las partes más pobres de nuestras tierras como estaban
y bajo señoríos nobiliarios ('mano de obra sumisa y barata'), pagadores de más
altos impuestos y tratados como ciudadanos 'de tercera' aún tenían que soportar
el asedio hacia sus vidas; ya que un musulmán vive como cree, confundiéndose sus
creencias con su vida cotidiana.
Apoyadores de sus señores en la previa guerra de las Germanías, estos los
dejaron a su suerte en cuanto el rey les prometió que se quedarían con las
pertenencias de aquellos.
Me pregunto, pues, si habría habido rebelión en la Muela de Cortes de Pallás de
no haber mediado las dos siguientes circunstancias: la avaricia y atropello con
que el comisario llegado a Cofrentes acumuló propiedades no autorizadas a ser
autotransportadas por los moriscos (ganados, caballerías y otros objetos) y la
actitud del bandolero morisco Pablillo Ubecar, de Teresa de Cofrentes, que salió
al paso de los suyos y tras matar sanguinaria y públicamente a varios de ello
les conminó a la rebelión y la subida a la Muela.
¿TUVO CARIDAD CRISTIANA JUAN DE RIBERA?
Me sorprende la biografía del patriarca Juan de Ribera (hecho santo por Juan
XXIII, en 1960). Se divulga que quedó huérfano de madre siendo muy niño y que su
padre era un ilustre noble sevillano, Pedro Afán Enríquez de Ribera, duque de
Alcalá y Marqués de Tarifa, luego capitán general de Cataluña y virrey de
Nápoles y, además, amigo del papa Pío IV.
Pero en contadas ocasiones se localiza que fue el fruto de amoríos
extramatrimoniales, con Teresa de los Pinelos, y, por tanto, bastardo de su
noble padre, el cual estaba casado con una beatísima mujer. Siendo, como era
lógico, enviado a estudios eclesiásticos (previa dispensa papal, debido a su
origen ilegítimo), nutriéndose de las afamadas enseñanzas de la Universidad de
Salamanca, entonces en plena Contrarreforma.
Obispo de Badajoz, a propuesta de Felipe II, luego fue arzobispo de Valencia,
donde el rey Felipe III (al que había casado en la misma Catedral valentina,
siendo aún príncipe) le dio funciones, también, de capitán general y virrey (
1602-1604), en las que destacó persiguiendo el bandolerismo y el desorden.
Fue continuo promotor de la solución del 'problema' morisco ante el propio rey,
'conformándose' con pedir su expulsión por parecerle 'excesivo' su
aniquilamiento.
Por todo ello, pienso que sigue faltando una pieza del puzle morisco: el estudio
de la personalidad psicológica de Juan de Ribera, con las posibles influencias
en su carácter de dos circunstancias: su quizás traumatizante 'segundón' e
ilícito nacimiento y, además, pronta orfandad materna y el previsible poder de
su ascendencia espiritual sobre las decisiones del rey Felipe III, al que había
casado personalmente.
¿FUE CÍNICA LA ACTUACIÓN DE LAS AUTORIDADES?
Me sorprende la saña con que se actuó contra las humildes gentes moriscas. Pues,
con premeditación, se hizo traer sigilosamente -durante los meses previos-
barcos de otros puertos lejanos hacia el Levante y se dio orden de emprender la
marcha hacia España a soldados profesionales del Tercio de Lombardía.
Durante el asedio a la Muela, constan también los atropellos sangrientos y
sexuales que realizó la soldadesca al pasar por el hoy rincón despoblado de
Ruaya en su camino de avance desde Bicorp hasta Cortes de Pallás y la no
gratuita representación en el cuadro propiedad de Bancaja del autoarrojo de
mujeres -con sus criaturas en brazos- al precipicio abisma, en una especie de
segunda inmolación saguntina.
El caudillo Turigi -moro de Catadau-, que había sido proclamado por los moriscos
en la plaza de Cortes, delatado por familiares propios apresados, fue cogido y
trasladado a Valencia, donde sufrió un ajusticiamiento público inquisitorial:
con tormentos, tenaza y corte de mano, horca y descuartizamiento.
Cuando tras los pocos meses que duró el episodio de la Muela, la 'resistencia'
quedó reducida a grupos de pocas y pequeñas partidas escondidas y errantes,
tampoco se tuvo reparo en recurrir a delincuentes para su busca y captura, como
la contratación del grupo de maleantes encabezado por Hieroni Lloret, natural de
Pobla Llarga. Llegándose a ofrecer 60 libras por morisco vivo y la mitad si
estaba muerto.
Los actos residuales -como si de maquis se tratara- continuaron durante algo más
de dos años, teniendo su final resolución cerca de Cofrentes, donde el mediador
real Simeón Zapata se encontraría con el famoso bandido morisco Pablillo Ubecar.
A este individuo, con su pequeño grupo de gente, se le hicieron todo tipo de
ofrecimientos: como la posibilidad de ir a Argel, ver la seguridad del viaje y
volver a por el resto. Pero lo que realmente me sorprende (imagino que los
cristianos, a principios de 1612, ya hacía tiempo que habían olvidado el tema
morisco) es que fueran aclamados por todos y despedidos con honores de héroes
por el virrey: «El mérito de estas personas que por el amor a su tierra...», que
dio a cada uno de ellos «en plata doble cien reales.