A la cabeza del grupo
musical, se encuentra un policía galo de ascendencia española, José Palomera,
y mientras sonríe al expectante público, comenta que su participación en este
actuación viene motivada por un apasionado interés por la etapa napoleónica.
Tras ellos entra la guardia imperial francesa, la caballería, compuesta por
húsares, dragones y coraceros, y la infantería, que desfila mientras alza la
voz para cantar los himnos propios de la guerra. A continuación, hace
aparición el ejército español con los debidos vivas a la patria y al rey, y
que son correspondidos por los presentes.
A las 20:00 horas, un fortísimo cañonazo marca el inicio a
la lucha, mientras un desafortunado trueno hace aflorar los peores presagios
de los organizadores. A pesar del susto, la lluvia no logró impedir el
desarrollo de la representación, aunque estuvo presente durante la mayor parte
del acontecimiento, al que asistieron más de cuatro mil personas, según
fuentes de la Guardia Civil.
Una vez que las tropas españolas, dirigidas por los
generales Cuesta y Blake, comienzan su retirada, los franceses dirigidos por
el mariscal De Bessières, inician el asedio a la ciudad. En una barricada en
llamas, un grupo de milicianos y militares hispanos esperan la llegada del
invasor. La música no cesa y la lucha se intensifica al entrar los soldados en
la liza cuerpo a cuerpo. A continuación, el ataque galo continúa por el resto
del recorrido programado por el Ayuntamiento de Medina de Rioseco y la
Asociación Cultural 'El Moclín' .
En esta actual batalla de Rioseco, que aún se podrá ver hoy
a las 12:30 horas, participan casi medio millar de personas, entre niños,
padres y abuelos. Los actores forman parte de asociaciones napoleónicas
procedentes de Salamanca, Zaragoza, Valencia, Madrid, Badajoz, entre otras
ciudades españolas, y de países como Francia, Holanda, Gran Bretaña, Portugal
y Estados Unidos.
Los voluntarios, que aportan sus propios uniformes y armas,
son grandes aficionados a la historia, que vienen acompañados por sus mujeres,
normalmente representantes de aguadoras y cantineras, y por sus hijos, que
habitualmente ocupan el cargo de tamborileros.
Además, cuentan con todos los complementos necesarios para
realizar un representación fiel. Tambores, sables, una veintena de caballos,
cuatro cañones, bayonetas, trabucos y mucha pólvora negra, que desprende mucho
más humo, hicieron las delicias de los asistentes a la representación, que
terminó en la Plaza de Santa María y que en el 2008 se celebrará de nuevo con
motivo del bicentenario de la Batalla del Moclín.