LA DEFENSA DE VALENCIA (28 DE JUNIO 1808).
La defensa de Valencia ante el general Moncey, es uno de los
hechos menos conocidos de la Guerra de la Independencia, o del Francés, como la
conocemos aquí. Es además una de las pocas batallas que
se han librado en la ciudad, donde aún quedan restos de dicho combate.
Habría que remontarse al cerco de los Almorávides en 1099, para encontrar
un hecho de armas documentado, porque la conquista por el rey Jaume,
una vez cayeron las torres del cinturón defensivo de la ciudad,
ésta se entregó sin resistencia. Será porque no
somos muy guerreros.
Sirva pues como modesto homenaje a mis paisanos, que decidieron permanecer
fieles a lo que ellos querían y no a lo que se les imponía por fuerza.
Fernando Boan Montenegro

El 23 de mayo, el pueblo de Valencia, declaraba la guerra a
Napoleón por medio del Palleter, siguió a esto una revuelta contra los
ciudadanos franceses que residían en la ciudad, en su mayor parte comerciantes,
optando la Junta, con el Capitán General Duque de la Conquista, por ponerlos en
prisión a fin de salvaguardar sus vidas, pero una parte de la población
encabezadas por el canónigo Calvo, ajusticiado después, asalto las prisiones
asesinando a una gran parte de estos.
Aún así, las informaciones que le llegaban a Murat, eran que la sublevación no
se consolidaba y que con un pequeño contingente de soldados franceses seria
suficiente, para restablecer el orden. Entonces Murat ordenó
al General Moncey que se dirigiera hacia Valencia con la División Musnier, unos
8.000 infantes, 1.300 caballos y
16 piezas de artillería ligera, que debía actuar junto a
las fuerzas del General Chabrán, que había salido de Barcelona.
Moncey llegó desde Madrid por Cuenca y derrotó
a las tropas españolas en Contreras y Buñol, llegando a Quart de Poblet, donde
volvió a derrotar a los españoles en la batalla de Sant Onofre, el 27 de Junio.
Parte de los vencidos, junto con la población de los pueblos cercanos, se
refugiaron en Valencia, huyendo de las tropelías que, se
decía, cometía el ejercito francés con la población civil.
Desde Quart, Moncey exige la rendición de la ciudad, y aunque las autoridades,
al frente de ellas, el Duque de la Conquista, estaban de acuerdo en entregarla
debido a la falta de elementos militares que tenían, el pueblo entró
en la Casa de la Ciudad, obligando a defenderla. La contestación
fue la siguiente: “El pueblo prefiere la muerte en su defensa. Así lo ha
hecho saber a la Junta, y esta lo traslada a V.E. para su gobierno.”
En aquella época Valencia estaba rodeada por la muralla medieval, un ancho muro
de mampostería, almenado a trechos, con algunas torres y flanqueadas las
principales puertas por torres más robustas,
lo que hacía a la ciudad inatacable sin la acción
de artillería pesada, de la que Moncey carecía. Vino a sumarse
el refuerzo del muro en los
sitios donde era más débil, con todo tipo de materiales y muebles. Por el norte,
la ciudad estaba defendida por las 7 u 8 piezas del anticuado fuerte de la
Ciudadela, y las puertas que no se creían bastante resguardadas por los muros o
las torres vecinas (Mar, Russafa, Nou, Serrans y Trinitat),
se cerraron y aseguraron con maderos, poniendo piezas de artillería en las
calles que desembocaban en ellas por si los franceses conseguían atravesarlas.
En la zona Oeste, por donde venia el ejercito francés, la de Sant Vicent, se
cubrió con una batería y un foso, situando las tres piezas detrás de la puerta
cerrada, pero la gente obligó a dejarla abierta poniendo
las piezas en la parte de fuera, jurando no cerrarla hasta morir en su defensa.
A la de Quart, que se pensó corría más peligro, se le hizo delante una gran
zanja, se colocaron caballos de frisa y barricadas, en el primer cuerpo de la
puerta se abrió una tronera por donde un canon enfilaba el camino de Quart, y en
la puerta de madera se le hizo otra para poder disparar otro cañón
sin necesidad de abrirla. En la torre de Sta. Caterina se construyó un fuerte
con sacos terreros, caballos de frisa y un foso, posicionando 4 piezas de
artillería.
En las murallas y tejados de las casas próximas, se colocaron cerca de 20.000
valencianos, casi en su totalidad civiles. Los pocos
artilleros que había fueron ayudados por los marineros del Grao, y el Regimiento
de Cazadores de Valencia, junto a paisanos, se desplegó
en guerrilla por la huerta de Campanar.

La puerta de Quart con las huellas de la
artilleria francesa.
A las 8 de la mañana del día 28 de junio, dos columnas francesas avanzaron a
retaguardia de la caballería, parándose a la vista de la ciudad. Al poco llego
Moncey estableciendo su puesto de mando en una alquería y volvió a conminar a la
rendición, recibiendo la misma respuesta. Sobre las 12 avanzaron las dos
columnas francesas sobre las puertas de Quart y Sant Josep. La primera se vio
detenida por el foso delante de la puerta y el fuego de las piezas y el de
fusilería desde lo alto de las torres, lo que les obligó
a parapetarse en las casas próximas. La otra columna se vio sorprendida en su
camino por el fuego del fuerte de Sta. Caterina,
haciéndoles retroceder y atrincherarse en las huertas, posicionando artillería.
Mientras en la puerta de Quart los franceses no podían avanzar ni retirarse,
debido al nutrido fuego que recibían desde el cañón del
primer piso y del de la puerta que, por comodidad o valentía, ya no disparaba a
través de la tronera. Joan Batiste Moreno, armado solo
con una espada, se dedicaba a abrir la puerta para dispararlo y a cerrarla para
cargar. Como la munición comenzaba a escasear, se dedicaron a cortar trozos de
rejas y balcones para convertirlos en metralla.

La puerta de Quart, abierta para disparar el cañón.
Los franceses llevaban ya más de dos horas de combate y no habían podido
posicionarse cerca de la puerta, entonces pusieron en acción dos piezas que
tomaron como blanco la puerta y las torres, haciendo los agujeros que hoy pueden
verse, sin mayores daños a los defensores. Moncey mismo tuvo que retirarse de la
alquería donde estaba cuando un cañonazo le arrancó la
pierna a uno de sus ayudantes.
Entonces las fuerzas que estaban en la huerta de Campanar, cruzando el río
atacaron a la retaguardia francesa haciendo huir a los artilleros que tuvieron
que clavar los cañones, obligando a los que combatían en el fuerte de Sta
Caterina a abandonar el asalto para junto a las reservas rechazarlos al otro
lado del río.
Animado por este éxito, decidió Moncey atacar las puertas de Sta Llucia y la de
Sant Vicent, pero el fuego de los defensores tuvo el acierto de desmontar los
cañones que habían posicionado los franceses. Unido a
esto las salidas que hacían los civiles en guerrilla por las huertas, hizo
que el enemigo tuviera que retirarse de las casas que había ocupado.
Mención especial merece Miquel García, mesonero de la calle de Sant
Vicent, que hizo él sólo a caballo
cinco salidas, llevando en cada una 40 cartuchos, usándolos con mucha
efectividad. En la última, el
caballo cayó muerto al volver junto a las puertas de la
ciudad.
Así llegó la noche y se acabaron los combates.
Entonces se dio agua a las acequias inundando el campo francés, y se
quemaron algunos edificios y los cañaverales que podían dar cobertura al
enemigo. Al amanecer, Moncey, viendo que ya tenía mas de 2.000
bajas, incluido el General de Ingenieros Cazal, y no llegando las tropas de
Chabrán desde Cataluña, que habían sido derrotadas en la 2ª acción del Bruch,
decidió retirarse hacia Madrid, abandonando gran cantidad de material.

Defensa del fuerte de Santa Catherina.
La victoria en palabras del Conde de Toreno, futuro
historiador y diputado en las Cortes de Cádiz, “tuvo visos de maravillosa, ya
que nunca antes fue derrotado un ejército profesional,
por una fuerza compuesta casi exclusivamente de civiles”.
Valencia resistió hasta el mes de Enero de 1812, cuando
cercada y después de un intenso bombardeo, capituló ante
Suchet, quien recibió por este hecho el título de Duque
de la Albufera.
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© Fernando Boan Montenegro. Noviembre 2002.
La Defensa de Valencia (28 de Junio de 1808)